Ética de negocios vs ética personal

Los temas de ética profesional en las empresas se han vuelto un tema delicado y crítico, dado el ambiente de competencia y condiciones laborales que en ocasiones son propicias para “cambiar de camiseta”.



¿Ser o no ser leal? ¿Hasta dónde el interés personal puede más que el compromiso con la empresa? Trataremos de responder a estas preguntas en la colaboración de hoy.

Las condiciones económicas de un país son un factor importante a considerar, al evaluar la relación entre la empresa y el empleado. Lealtad hacia la empresa es un concepto cada vez más cuestionado dadas las necesidades del empleado de sobresalir rápido.

El crecimiento vertical dentro de la misma empresa puede ser un proceso largo y tedioso. La misma necesidad del empleado por ofrecer un mejor bienestar para su familia (me sonó a slogan de campaña), lo lleva de manera natural a salir de la empresa por un mejor sueldo, no importando que incluso se vaya a la competencia. Ojo con irse a la competencia, no hay vuelta atrás.

Sin duda tenemos un dilema de carácter ético: la empresa ha dado sustento al empleado y le ha brindado certidumbre sobre el futuro (esta situación pone a la empresa como víctima).

Por otra parte la empresa pudiera estar sobre-explotando al empleado, lo cual genera insatisfacción y enojo en éste último, por ende es probable la “graciosa huida” (en este otro caso la empresa es el verdugo). El punto es entender cuál de las dos partes es la responsable. Se necesita un criterio lo suficientemente maduro y neutral para aceptar quién esta fallando realmente.

La situación anterior me recuerda los tiempos de escuela donde uno decía: “Es que el maestro me reprobó”, a lo cual siempre se respondía “El maestro no reprueba, eres tú el que se reprueba solo”. Muy cierto: Antes de que cuestiones a la empresa sobre su “justicia”, cuestiónate a ti mismo si tu aportación es la suficiente para que te pongas en plan exigente.

Uno de los puntos de solución radica en mejorar la comunicación empresa-empleado, a fin de que ambos compartan su sentir (intercambio de ideas y percepciones). La empresa puede evaluar el desempeño del empleado y viceversa, el empleado debe hacer una evaluación de cómo se ha portado la empresa con él (ella).

En conclusión, antes de que un empleado tome decisiones drásticas, es necesario un análisis en el cual no impere la ira o el resentimiento. Debe haber comunicación con el nivel inmediato superior para revisar “hacia dónde vamos”, en pocas palabras una plática del tipo “Qué aportaciones adicionales puedo hacer, pero también dime qué recibo a cambio y en cuánto tiempo”.

Si usted ha vivido una situación de este tipo, no dude en compartirla con su servidor; podríamos tocar el tema nuevamente con la riqueza de su aportación.





Armando Nájera
Graduado en Mercadotecnia (ITESM, 1995), con experiencia en el sector alimentos. Laboró en Kellogg's de México y actualmente se desarrolla en el área de Marketing Carnes Frías de Sigma Alimentos.

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