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Los exámenes –que incluyen un examen del idioma ingles– se tomaron durante cuatro días y necesitaron de la cooperación de toda la sociedad. Se pidió a los automovilistas que cuando pasaran por los centros de examinación no sonaran el claxon, y se les pidió a las personas que viven en el área hacer el menor ruido posible durante las horas de examen.
En las zonas afectadas por las recientes inundaciones y lluvias torrenciales los alumnos fueron transportados a zonas seguras donde se establecieron nuevos centros de examinación. El mes anterior a los exámenes los padres de estos jóvenes trataban de hacer el menor ruido posible en casa, con el fin de no distraer o interrumpir los estudios de sus hijos. Mientras tanto el nerviosismo y la presión se hacia sentir entre los más de cinco millones de jóvenes.
Toda estos preparativos demuestran no sólo la importancia de estos exámenes, sino también la competencia tan fuerte que hay por un número limitado de plazas en las universidades chinas. El país más poblado del mundo tiene un severo déficit de universidades y de escuelas en todos los niveles educativos.
Desde finales de los ochenta el gobierno se propuso aumentar el número de alumnos de nivel universitario, pero para 1999 todavía el 60% de los aplicantes a educación superior fueron rechazados. De acuerdo al Ministerio de Educación, únicamente alrededor del 10% de los jóvenes entre 18 y 24 años logran ingresar a la universidad; una cifra 40% menor a la de otros países en desarrollo. Hasta julio de ese mismo año, solo 1.7% de la población había recibido educación superior. Para este año, de acuerdo a un reporte sobre desarrollo económico y social presentado ante el Congreso Nacional del Pueblo, 2.7 millones de alumnos podrán ingresar a la universidad y 196,000 podrán comenzar estudios de postgrado.
La educación superior en China sigue siendo impartida únicamente por el Estado, cuyas instituciones se han visto incapaces de absorber a un número creciente de alumnos. Pero las oportunidades educativas son limitadas también en los niveles de educación primaria, media y vocacional. Las zonas mas carentes de infraestructura para la educación y de profesores han sido el campo, el oeste de China y las regiones donde se concentran las minorías étnicas.
Una de las soluciones a esta problemática fue la propuesta del gobierno para privatizar la educación en los sectores básico y vocacional, manteniendo el monopolio estatal sobre la educación superior. La inversión proviene de empresas e individuos chinos, ya que todavía está en consideración la propuesta de atraer inversión extranjera a este sector. Sin embargo, toda institución educativa que sea establecida tiene por ley que contar con la aprobación del gobierno a fin de poder otorgar cualquier tipo de diploma.
El caso de la educación superior es más delicado. Desde el triunfo comunista en el 49, las universidades han sido instituciones para la expansión de la ideología e influencia del Partido Comunista, además de ser importantes centros de reclutamiento de gran parte de los burócratas y líderes del Partido. Hoy en día las universidades siguen jugando ese papel, aunque la educación ideológica haya pasado a un segundo término.
En la Universidad de Pekin, la más prestigiosa universidad del país, mas del 50% del alumnado es miembro del Partido Comunista. En otras universidades del país la cifra es similar o aun mayor. El Partido sigue ejerciendo una influencia no despreciable en las universidades, donde todavía subsisten las "Escuelas del Partido". Por otro lado, existen también muchos estudiantes que han decidido mantenerse al margen de la política, otros tantos que han mostrado un descontento hacia las políticas gubernamentales (más que una afrenta directa contra el Partido/gobierno), y otros tantos comienzan ya a hablar de la necesidad de una apertura mas democrática en la política interna.
De acuerdo al punto de vista del Partido, la situación se ha complicado con el hecho de que cada vez más padres con la capacidad económica están mandando a sus hijos a estudiar al extranjero. Esto con el objetivo no sólo de obtener una experiencia educativa y de vida en otro país, sino también con el fin de lograr que sus hijos no estén sujetos a la competencia tan fuerte en las escuelas y universidades nacionales.
Ya sea a nivel de ecuación primaria, media o superior, la experiencia en el extranjero se convierte en un valor agregado para estos alumnos al momento de presentar los exámenes de admisión o al entrar al mercado de trabajo. Los lugares más populares a donde ir a estudiar han sido los países de habla inglesa como Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y -más recientemente (debido a la dificultad para conseguir visas para entrar a E.U.A.)- Australia y Nueva Zelanda. Estudiar el idioma inglés se ha convertido en una verdadera fiebre en China, tanto por la necesidad de pasar el examen universitario del idioma inglés (College English Test CET, implementado en 1987), como por el atractivo que representan los mejor pagados puestos en empresas extranjeras que exigen gente que domine este idioma.
China es hoy en día el país que manda más estudiantes al extranjero, lo cual representa una salida importante de capital. Sin embargo, el problema va mas allá de las puras consideraciones económicas. En los últimos 15 años muchos de esos estudiantes han decidido no regresar a su país y buscar una carrera en el extranjero.
China no puede darse el lujo de perder talentos, ya que esto podría resultar en una severa escasez de profesionistas y de mano de obra capacitada; requisito indispensable para promover el desarrollo económico y social. Con el fin de atraer a aquellos que decidieron quedarse en el extranjero y a aquellos que están actualmente estudiando fuera, el Ministerio de Educación creó en 1995 un fondo para becar estudiantes en el extranjero con la condición de regresar a su país finalizados sus estudios (de otra manera tendrían que pagar el monto de la beca).
Los gobiernos locales de varias ciudades han ofrecido también facilidades para aquellos chinos en el extranjero (returned overseas Chinese) que busquen invertir o crear empresas en dichas ciudades. Estas políticas han tenido bastante éxito; en Shangai - por ejemplo -el gobierno ha ofrecido a dichos inversionistas poner parte del capital necesario en los casos en que se pretenda establecer alguna empresa de alta tecnología. Las oportunidades económicas dentro de China y la recesión mundial han servido también como motivantes para volver a atraer a aquellos chinos en el extranjero.
La población tan grande que tiene China es considerada por muchos como uno de los mayores retos para el sector educativo. El gobierno ha buscado expandir la escolaridad promedio a 9 años y erradicar el analfabetismo en las zonas del interior y en el campo, incrementando el gasto en educación a 4% del PIB (alrededor de $58 billones de dólares).
El porcentaje sigue siendo bajo y el gobierno espera que el sector privado aporte también una cantidad importante a este sector. Sin embargo, privatizar la educación traerá consigo la erosión de la influencia del Partido, lo cual es visto por muchos líderes como una verdadera amenaza. De igual manera, aquellos que han estado en el extranjero serán una fuerte influencia para el futuro de la política interna y para los demás sectores económicos y sociales en China.
Mientras promueve a las diez universidades más grandes del país para colocarlas al nivel de otras universidades de prestigio mundial, China tiene por delante el reto enorme de educar a su población rural, la cual constituye 70% del total. La abundante mano de obra barata dejará de ser una ventaja si ésta no está capacitada y representará un cuello de botella para el desarrollo de industrias más sofisticadas.
En China -como en otros países en desarrollo- la relación entre educación y desarrollo es muy estrecha. La promoción de la educación es un proyecto no de resultados inmediatos, pero uno en el cual ni China ni México pueden darse el lujo de desprioritizar.
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