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Flanqueos y Nichos

Estás tirado en la alberca de un hotel leyendo el periódico -o quisieras estarlo-. El olor a bronceador y playa es inevitable. Checas el reloj para ver si ya se ve bien que pidas una cerveza helada. Y observas a tu alrededor, a toda esa gente. Si pudiera filtrarlas y seleccionarlas, ¿con personas de qué tipo de hábitos o características te sentirías mejor?



Si tienes problemas de sobrepeso, y te sientes incómodo con eso de que estás en "zona de enseñar el cuerpo", buenas noticias.

A la otra puedes ir a un hotel en Cancún -que ya abrió sus puertas- enfocado a gente con sobrepeso: habitaciones y camas grandotas, puertas anchas, rampas, un solo piso, sillas amplias, y de colegas huéspedes: puros inter pares. Nada de la muchachita con el bikinazo, de jóvenes corriendo como Romeo y Julieta por la playa, de musculosos atletas de cuerpo brillante en tanga.

¿Por qué nadie había pensado en esto? El segmento de mercado no es nada pequeño: como el 60 por ciento de la población adulta mundial.

Ya entrados, algunas otras posibilidades:

Un hotel especial para adolescentes que logren escaparse de sus padres, como en spring break, y que prometa party 100 por ciento, 24 hours a day.

Un hotel para retirados con dinero (no se admiten niños, ni mascotas, ni agitadores).

Un hotel para gays, y que las miradas de otros huéspedes los dejen en paz.

Un hotel donde esté prohibido el uso de bikinis, tangas y prácticas topless, así como besos en la alberca; donde sus restaurantes sirvan sólo a personas vestidas, y donde todo mundo se duerma temprano, y que no vendan alcohol.

Un hotel para despedidas de solteros, otro para despedidas de solteras.

Un hotel para escritores, pintores y artistas en general, con acondicionamientos especiales para su trabajo.

Un hotel donde la oferta sea "cambiarte la vida", desde ponerte a dieta -no para bajar de peso- para purificar tu organismo; y donde dan clases de Feng Shui, Yoga, Tai Chi, Teología, Macrobiótica, entre otras cosas, apoyado por terapeutas, médicos, coaches, psicólogos, religiosos, yogis, y de todo.

Un hotel especializado en segundas lunas de miel, donde las parejas en crisis vayan a revivir el fuego, y donde la infraestructura y el personal sean sensibles a la gran misión de la que están formando parte.

Un hotel para segundos frentes, es decir, para hombres casados con sus novias; y por qué no, otro para mujeres en circunstancias similares.

Respecto a este último punto. Hay una agencia en Argentina especializada en armar viajes "reales" de negocios para que los maridos puedan justificarle a su esposa un viaje, y que en realidad es una escapadita con otra mujer: desde las invitaciones falsas de la Feria o el Congreso, el temario, los exponentes, el hotel sede, y la atiborrada agenda de trabajo. También provee un servicio de contestación si la esposa se le ocurre llamar al hotel, y cuentan con un staff entrenado en el arte de engañar a las esposas, o a los esposos, si es una mujer la que los contrata.

La danza de los negocios tiene que ver con propuestas de valor, ataques a posiciones del competidor basados en flanqueos y/o con enfoques a nichos específicos de mercado. Tiene que ver con definir posturas que aprovechen el posicionamiento del enemigo -o la ausencia de posicionamiento- y capitalizarla.

Si tu competencia es fresa, tú sé rebelde; si tu competencia es rebelde, tu puedes ser fresa. Si tu competencia se va por velocidad (pizzas a domicilio), tu vete por sabor (pizzas gourmet). Si tu competencia se enfoca a las mujeres, te puedes enfocar a las adolescentes.

La cosa es ir hacia una dirección diferente, o incluso opuesta, a la que va tu competencia.

En el tema de turismo siguen los ejemplos. Hace unos meses llegó a Cancún un avión procedente de Estados Unidos con el 100 por ciento de los pasajeros desnudos. Lo abordaron y desembarcaron vestidos, pero allá en el aire se desvistieron completitos: el primer vuelo desnudo internacional.

A las agencias de viaje no les queda otra: flanquear por servicio, por mercado meta, por especialidad de viajes, o por cualquier otra cosa.

Ya se empiezan a crear especialidades para diferentes tipos de viajero: lunas de miel, mujeres solas, de extreme sports, segundas lunas de miel, gente de negocios, los que quieren irse al reventón, los que quieren casarse con una rusa.

¿Crees que en otra vida fuiste un monje tibetano?

Contacta a una agencia en Nueva York que se dedica a realizar sueños más exóticos, y que de seguro te consigue vivir en un monasterio en Dharmasala o en el mismísimo Lhasa para que recuerdes viejos tiempos.

¿O quizá uno griego ortodoxo? Te consiguen una visita de una a cuatro semanas en ese bello monasterio en Meteora, en medio de las montañas.

¿O al otro extremo: sientes que fuiste un asesino, un ladrón? Pueden negociar el que pases una noche en alguna prisión en desuso para que revivas tu castigo.

O si simplemente traes una ilusión de convivir con los Berber de Marruecos, con los aborígenes de Australia, correr un maratón con los Tarahumara en Chihuahua, compartir la mesa con indígenas del Amazonas, conocer en vivo al famoso Timbuktu; todo es posible, déjaselo a los expertos.

Y éste es el tema: cuando una empresa turística -o de cualquier tipo- define y se especializa en su propuesta de valor, desarrolla habilidades específicas, estrecha relaciones con clientes, almacena y explota bases de datos con perfiles profundos ¿cómo compites contra ellos?

¿Por precio? Difícilmente.

En la actualidad está la presión de ventas y márgenes a la baja; pero no hay que quitar el dedo del renglón: flanqueos y nichos.





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Horacio Marchand
Es consultor de empresas y catedrático de la Escuela de Graduados del ITESM

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