La ley

La ley de la oferta y la demanda regula el mundo de los negocios; pero está presente en todos lados: desde la golpiza que le propinaron unos policías norteamericanos a migrantes mexicanos en su intento por cruzar la frontera; hasta el combate a las drogas.



Si se trata de golpes -hablando del primer caso- la border patrol o la migra, debería de golpear a los que les dan empleo a los inmigrantes ilegales más que a los paisanos. La razón: mientras haya empleadores que remuneren a trabajadores mexicanos, el flujo jamás se detendrá: ni con leyes, ni con muros, ni con brutales policías fronterizos.

La gran brecha que se tiene en los niveles de ingreso entre los dos países y el grado de pobreza en México se combinan con la demanda de empresas norteamericanas que buscan mano de obra barata, trabajadora, aguantadora, y abnegada. El resultado es que si hay negocio, la demanda necesariamente atrae a la oferta.

Una empleada doméstica que acompañó a una familia mexicana acomodada de vacaciones a San Antonio para cuidar de los niños, se encontró con Juanita su hermana que tenía 5 años viviendo en EUA. Juanita trabajaba en un restaurante de mesera: tenía auto, celular, casa, gozaba con 15 días de vacaciones al año y mantenía a su hija y hasta el novio.

Angélica, en su calidad de empleada doméstica radicada en México se llenó de duda, ¿me convendrá venirme a San Antonio con Juanita y dar el brinco en el nivel de vida?

Los latinos están por todos lados: empresarios, educadores, políticos, artistas, obreros, peones, pizcadores, cocineros, recamareras, etc.; y todos acaban encontrando un lugar y absorbidos por la gran máquina norteamericana.

La única forma en que no haya indocumentados es que no tengan trabajo en Estados Unidos, o que las oportunidades de nivel de vida entre los dos países se asemejen.

Suponiendo que se llegara a controlar con éxito el flujo de indocumentados por el lado de la oferta: atrapando a mexicanos en la frontera y deportándolos, se podría generar una escasez de mano de obra y en consecuencia los salarios y prestaciones a inmigrantes subirían; paradójicamente, esto haría todavía más atractivo irse ilegalmente a trabajar a Estados Unidos. Y se seguirían iendo a pesar de la migra, de los policías brutales, del desierto, de la desnutrición, de la deshidratación y el riesgo a la muerte.

En el tráfico de drogas la secuencia es parecida: si se ataca al problema por el lado de la oferta -al sur del Río Bravo- y se captura o se elimina a uno o varios grupos de narcotraficantes al grado que la oferta disminuya; entonces el precio de los estupefacientes tendería a subir, haciendo todavía más atractiva la entrada de hombres de negocios a esta industria.

Manteniéndose la demanda, los huecos se llenan rápido cuando cae algún cartel de drogas, y el poder pasa de druglord a druglord.

De ahí los argumentos a legalizar cierto tipo de drogas, como siguiendo la máxima de "cuando algo no se puede prohibir o es imposible evitar, lo mejor es controlarlo".

Al igual que con los indocumentados, la forma de que disminuya el problema de las drogas es que disminuya la demanda y el consumo.

Se han hecho algunos esfuerzos tibios en penalizar a empleadores de ilegales, e igual de tibios han sido los esfuerzos por impactar en la demanda de estupefacientes.

La gran estrategia de ambos problemas ha sido sistemáticamente enfocada a reducir la oferta y es hacia esto donde se destinan los recursos. Pero mientras la ley de la oferta y la demanda siga imperando, lo único que se consigue es incentivar y crecer ambos problemas.

Es tan clara la premisa que pareciera que los encargados de las tomas de decisiones fueran incluso cómplices de la problemática. No son problemas sencillos que se puedan reducir a una sola respuesta, pero el principio de oferta y demanda debería ser el punto de partida.

Aventurándose a lo controversial y a la luz de los escándalos de carácter sexual y la Iglesia, quizás convenga evaluar la problemática bajo la perspectiva de oferta y demanda.

Hubo un tiempo que sacerdotes y monjas tenían la costumbre de casarse y formar familias. Aunque en ninguna parte del evangelio está expresamente prohibido, las versiones de por qué esto ya no ocurre se pueden resumir en dos: para que se dediquen de manera más completa a su vocación y que su "matrimonio" sea con Dios; o que el Vaticano percibió en algún momento de su historia, que los bienes y la riqueza de la Iglesia se erosionaban cada vez más en función de que parte de ellos se heredaba a los hijos de los sacerdotes; y la solución aparente fue eliminar el permiso del matrimonio.

Independientemente de la razón del cambio, el asunto es que se impuso un candado a algo natural como la sexualidad y la pareja. Son muchas las religiones que permiten el matrimonio a sus representantes.

La ley de la oferta y la demanda está relacionada a un sin número de temas y con relación a los negocios se aplica de manera similar.

Por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial predominaba una situación donde la demanda de productos de consumo era mucho mayor que la oferta; este era un paraíso para el productor y Henry Ford se convirtió en el símbolo con su frase "el cliente puede escoger cualquier color de auto que quiera, siempre y cuando sea negro". Con el tiempo esto fue cambiando y la globalización, en la que México finalmente acabó por entrar, volteó el escenario y en general, a través de diferentes industrias, hay más oferta que demanda.

Por eso el objetivo non-plus-ultra más que competir, es crear un monopolio de valor, donde el negocio sea el único o si acaso el mejor. Es en este escenario donde se mueven los líderes de las industrias.

La ley es la ley.





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Horacio Marchand Flores
Es consultor de empresas y catedrático de la Escuela de Graduados del ITESM

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