Salvador TreviñoOlga QuirozJosé VargasEfraín BenavidesLuis Córdova
Artemio AbregoMarcela de la MazaCarlos ZepedaSonia Gutiérrez-OteroOlivia DehezaEduardo RedondoRafael López
Armando NájeraRubén TreviñoHoracio MarchandRicardo HomsLionel Jean-FrancoisÓscar Morales
Habib ChamounEduardo FernándezRaúl Sampayo ClimacoRenato BlancoJosé Ignacio Domínguez
Percy Mariñelarenaechainpartners.comCandor GutiérrezBeatriz CarrilloGerardo CárcobaMarco Sáenz
Gina LugoAlejandro AguilarJordi PascualEnrique Sesmero

La señal

Si trabajas duro y te desgastas lo suficiente, le acabarás pegando en serio, a lo grande; lo mismo si estudias mucho y acumulas grados; si consigues dinero e inversionistas leales; pero lo más importante: si escuchas bien, si abres los ojos, recibirás una señal del Cosmos en cuanto a tu destino, y si la sigues, le acabarás pegando en serio, a lo grande.



E xiste una mitología entre las personas, y que se refleja en las empresas, de que se tiene un destino en el mundo y de que hay un camino predestinado, por lo que el mayor reto en la vida se centra en descubrirlo.

“Diosito, mándame una señal”: y tras un estruendo el cielo se abre, y por ahí sale un rayo de luz que señala el rumbo; en paralelo aparece una música celestial de fondo: “ahí está tu señaaal” contesta solemnemente el cielo, “adelanteee, estás iluminado; sigue tu destinooo, adelanteee”. Ah, el final de la duda, la certidumbre de vida, gracias.

Esta señal del cielo –antigua representación que aparece en numerosos libros y películas de diferentes culturas- es el cliché más establecido de la petición tácita o expresa de ser un iluminado, de conocer desde el más allá aquello en lo que soy bueno, aquello en lo que debo de enfocarme, ahí donde está mi máximo talento, aquello para lo cual vine al mundo. Y este marco mental, esta expectativa consciente o inconsciente, puede ser un terrible acicate: buena suerte.

Es que parece ser un arquetipo fijamente establecido y que se manifiesta particularmente en el espíritu de los jóvenes recién egresados que empiezan a explorar el mundo profesional. Se les ve en sus ojos, se les escucha cuando se confiesan: el joven de corazón quiere hacer una diferencia, quiere hacer una contribución y trascender; de pasada, quiere -por qué no- también la fama y el dinero. ¿Y si yo soy verdaderamente especial?

Hace 20 años, yo era de esos jóvenes buscando la señal y a mentores facilitadores de destino, ahora, cuarentón, me toca ser ese mentor; pero la realidad es que personalmente sigo en la búsqueda; sigo esperando una señal que no me ha llegado. Por lo menos no con esa sencillez del rayo de luz, ni con la nitidez que yo quisiera. Si acaso, el avance está en que ya no siento tanta angustia, porque quizá he aprendido que la respuesta no vendrá del exterior, ni se abrirá el cielo, ni me enviarán personalmente a Hermes con un mensaje dedicado. Y si me llegara, o si ya llegó, yo no lo percibiría como tal.

Deepak Chopra -el médico naturista de corriente Ayurvédica, que entre sus mejores cualidades está la de ser un gran mercadólogo- describe su concepto del Dharma como el camino que “nacimos para seguir”, en función de que todo mundo tenemos talentos y dones particulares. No hay seres iguales y todos somos especiales. Y si descubrimos, exploramos y seguimos nuestro Dharma, Chopra asegura que por el simple hecho de hacer lo que nos gusta y lo que tenemos facilidad, el dinero, el éxito y la fama serán productos naturales y accesorios; a tal grado, que ya no serán de importancia.

Suena mágico, suena bien, hasta parece tener sentido.

Y así le ha pasado a muchos. Como a Verónica, una diseñadora gráfica que ha ganado varios premios de diseño y ejecutado campañas publicitarias de alto impacto, que relajadamente dice “desde muy chiquita, como desde los 10 años, siempre supe lo que quería hacer, me encantaba el diseño”.

Pero parece haber muchos más que han sentido el estar completamente perdidos en un mundo que exige de la especialización y de posicionamiento; que demanda expertos y definiciones estrechas en la vocación para alcanzar competitividad.

La mayoría de la gente, sigue buscando –a veces toda una vida- ese camino a seguir.

“¿Pero cómo? O me especializo o paso desapercibido. ¿Por qué tengo que decidir ahora? Si apenas tengo 17 años y ya tengo que escoger lo que quiero ser toda mi vida; estoy entre Ingeniero en Sistemas de Información, Médico Pediatra o Psicólogo”, me decía un joven que le quedaban dos días para decidir en qué carrera inscribirse y que confesaba que lo que más le gustaba era Hotelería.

En términos menos divinos o del destino incambiable, está la tesis del desaparecido John Campbell, experto en mitología trans-cultural, que veía a la vida como un círculo: “ Un héroe se aventura hacia delante desde el mundo de lo cotidiano hacia uno de maravilla sobrenatural; ahí se topa con fuerzas fabulosas y logra una victoria decisiva; y el héroe regresa de esta misteriosa hazaña con el poder que se gana para compartirlo con la humanidad”. En esta aventura de 1) salir, 2) vencer con dificultad y 3) regresar, aparecen: numerosas pruebas y retos enormes; enemigos horribles y poderosos; así como la ayuda de entidades superiores, elixires, y finalmente el triunfo, la iluminación y el regreso, cerrando el círculo.

Y Campbell remata: “Por doquier, sin importar las esferas de interés (política, religiosa, personal, y yo agregaría: profesional y empresarial), los actos verdaderamente creativos son representados por aquellos que se derivan de alguna forma de muerte al mundo; y de lo que pasa con el héroe en ese intervalo de la aventura”.

En términos modernos Hamel & Prahalad le llamarían la Reinvención: volver a empezar, volver a ser, acabar con la vieja versión de uno mismo (compañía o persona). Si no hay exploración, aventura, audacia, el riesgo es que el negocio quede desincronizado de su entorno, abriéndole campo a la competencia.

Las empresas nacen cuando de entrada se encuentran en ese Dharma corporativo, que emana del ejercicio del emprendedor ¿de qué otra manera encuentran el éxito en el mercado, si no es por fuerzas insospechadas con las que se van topando y que demandan al producto, para convertirlo en un éxito?

¿De que otra manera explicar al buscador Google, el sistema operativo de Microsoft, el walkman de Sony, el servicio a domicilio de Domino´s, y así sucesivamente?

En realidad no se puede saber si se está montado o no sobre el Dharma, si se sigue o no una señal, si el buscarla en sí misma y vivir ese proceso acabe por convertirse justamente en el camino.

Pero andando, afanando, correteando, reflexionando; ahí de seguro se llegará algo. Quizá se comprenda sólo de manera retrospectiva donde todo finalmente luce acomodado y casi predestinado; quizá eventualmente llegue la señal aunque en formas de camuflaje que sólo con el tiempo comprenderemos.





¿Te gustó esta columna?
                    No

Horacio Marchand Flores
Es consultor de empresas y catedrático de la Escuela de Graduados del ITESM

Columnas Previas


DIRECTO A TU MAIL

Recibe esta columna periódicamente





- Arquetipos
- Valle de pasiones











CONTENIDOHERRAMIENTASCOLUMNAS
ENCUESTACASOS DE ÉXITOFORO DE DISCUSIÓN
CHAT CON EXPERTOSLINKS EVENTOS Y CURSOS
DIRECTORIOSESPACIO PERSONALPERFILES
PREMIEREHUMORHIPERTIENDA

© 2002 Hipermarketing.com
Todos los Derechos Reservados


Click Here!