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El Soldado, El Mercenario y El Artista

En tu vida profesional y de trabajo eres una de cuatro: a) un soldado, que hace lo que tiene que hacer; b) un mercenario, que hace lo que le conviene hacer; c) un artista, que hace lo que quiere hacer; o d) una combinación de las anteriores, donde el asunto sea uno de proporción y de la etapa de vida que te encuentras.



La intención y la manera en que estructuramos el tiempo tiene un peso definitivo para la definición de toda una vida.

Aquí va el desglose.

El soldado absoluto -que hace lo que tiene que hacer- es el que se conforma con la estructura actual, el sistema, lo "correcto" y lo esperado. Su vida es predecible y resignada; pero, eso sí, siente orgullo de lo que hace y asegura tener una identificación personal con la causa.

El soldado le entregó su vida al sistema. Cumple 5, 10, 25, 50 años haciendo lo mismo. Gana bien, pertenece, se afilia, se le respeta, gana premios de lealtad y puntualidad.

En su lado negativo, la persona puede negarse a ella misma, auto-descontarse en aras de cumplir órdenes y preservar una forma de vida en la que no participó en su diseño.

En su lado positivo, el soldado es el que hace que las cosas ocurran, donde radica la confiabilidad del sistema, donde se refuerzan los valores tradicionales; su vida y las de los que lo rodean, gozan de estabilidad.

El tengo que se le puede relacionar -entre otras teorías- con el superego y la conciencia de Freud y el script de vida y programación de Berne/Steiner.

El mercenario absoluto -que hace lo que le conviene hacer- es el que se adapta y se mueve conforme le conviene y donde maximice su paga. Sacrifica muchas cosas por ganar más, subir de puesto.

El mercenario le entregó su vida al dinero. Está donde le conviene estar por el tiempo que le conviene estar. Se vende bien y su principal lealtad es hacia su bolsillo.

En su lado negativo, el mercenario no se afilia, es frío y calculador, no es de confianza, puede volverse traicionero.

En su lado positivo, el mercenario ayuda a enfrentar las realidades del mercado, le trae al grupo un sentido de negocio, es práctico y agresivo, no le gusta perder el tiempo si siente que va en contra de sus intereses.

El me conviene se relaciona con la supremacía del poder económico, de la competencia con su grupo de referencia y del consumismo, como compensando el anonimato urbano.

El artista absoluto -que hace lo que quiere hacer- está altamente motivado, es creativo, imaginativo, ocurrente, inconforme con el status quo. Vive acorde a lo que considera es su vocación. El artista le entregó su vida a la pasión. Es el amateur (el amante) que hace lo que "viene de arriba" y le da un sentido de destino. Si no gana mucho dinero no importa, porque el hacer lo que quiere vale mucho más que el dinero.

En su lado negativo, el artista es irresponsable e incluso renegado. La disciplina no le va bien, y su postura de espíritu libre es una buena máscara para evadir compromisos.

En su lado positivo radica la parte creativa, la fuerza espiritual y la resolución para concretar. Es en esta parte donde operan la mayoría de los genios y contribuyentes de la sociedad. Idealmente, es la parte donde aspiramos estar porque de ahí viene nuestra esencia primaria.

El quiero se relaciona con la persona que se da permiso de ser, que no tiene miedo a ser un tanto "anormal", que convoca la fuerza necesaria para remar contra corriente.

Y érase una vez un ejecutivo mexicano que trabajó con furia todo el año: enfrentó sin quejarse las crisis de la empresa, el desgaste político, el cansancio, dos recortes de personal, la muerte y resurrección de los domingos y los lunes.

Durante todo este tiempo, la idea de sus próximas vacaciones le daba ánimos para seguir.

Las planeó todo el año. Reservó con tiempo un spa especializado para quitarse el stress, se movió para utilizar sus millas e irse en primera clase con su esposa, a la cual le quiere dar un premio "por aguantarle el paso y por su comprensión " del último año.

Y la pareja se fue. Se la pasó de lo mejor: masajes, alimentos orgánicos, yoga, vino tinto, servicio del staff impecable, instalaciones de lujo, mucho dormir.

Dos días antes de regresar, este ejecutivo pasó por la conversación típica con la esposa, tras unos días de relajación sin el atiborramiento urbano y la pesadez de la rutina:

"Te amo".

"Yo también mi amor. Qué bien nos la estamos pasando".

"Si verdad, me gustaría quedarme más tiempo".

" A mi también".

Pero había que regresar a trabajar, los esperaba la vida recia y competitiva: las juntas, los viajes fugaces de negocios, los pendientes de los hijos, la competencia social; existía un consuelo en el fondo: al cabo de 50 semanas más de trabajo, podrán escaparse una el año que entra. Quizá puedan volver a este spa.

A ver: ¿Si hago lo que tengo que hacer (50 semanas del año), es porque me conviene hacerlo (buen sueldo y prestaciones), y con lo que gane, voy a poder hacer lo que quiero (1 semana al año)?

¿Es esto lo que quiero hacer? ¿Es esto lo que tengo que hacer? ¿Es esto lo que me conviene hacer?

¿Soldado, mercenario, artista?

Lo común es que se compartan rasgos de los tres y que predomine uno sobre los otros dos, por un período de tiempo más o menos estable.

La posición puede cambiar con la edad, por experiencias específicas y con circunstancias especiales.

Lo deseable es poder escoger -en alguna medida- la posición o el grado de soldado, mercenario o artista. Y para esto se requiere de conciencia e intención.

Hay un tiempo para ser mercenario. Hay un tiempo para ser soldado. Hay un tiempo para ser artista. Hay un tiempo para modificar conscientemente las proporciones.

El privilegio de toda una vida es ser uno mismo.





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Horacio Marchand
Es consultor de empresas y catedrático de la Escuela de Graduados del ITESM

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