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Metrosexuales

Un amigo homofóbico me aseguró que una buena manera de detectar a los gays –como si se tratara de una emergencia- era con su arreglo personal porque, según él, son compulsivos: hacen pesas, se broncean, traen el pelo aliñado, la ropa planchada y siempre huelen a loción. Pero hoy en día parece que ya no es así: ahora pueden ser lo que los algunos llaman metrosexuales, un “nuevo tipo de hombre”.



El concepto no tiene nada que ver su orientación sexual, es decir, no son bisexuales ni homosexuales. Y aquí conviene aclarar que el presente escrito no pretende juzgar preferencias sexuales sino que tiene por objeto apuntar lo que parece ser un movimiento social.

El líder no oficial de este movimiento es David Beckham, capitán del equipo de soccer de Inglaterra y recién transferido al Real Madrid.

Beckham utiliza diademas en el pelo, se pone de repente polish rosa en las uñas, y ha confirmado, sin espavientos, que utiliza, ocasionalmente, la ropa interior de su mujer, Victoria, la ex Spice Girl. Sus cambios en cortes de pelo y la manera de peinarse contrasta con el estereotipo tradicional del hombre que utiliza el mismo corte y peinado durante toda su vida. ¿Posar desnudo, con el cuerpo aceitoso para la revista Esquire? Por unos cuantos Euros, Beckham dice no problem.

Uno de los catalizadores del metrosexualismo fue un estudio de la agencia de comunicación Euro RSCG Worldwide que concluyó que hay una enorme cantidad de hombres que minimizan sus roles tradicionales masculinos y que asumen la libertad de comprar, hacer, y vivir como ellos quieran; aunque no sea tan "masculino".

El metrosexual típico tiende a ser un joven urbano con dinero, que va a los gimnasios, escoge su ropa, va con el estilista y su cuidado personal es fundamental. Lo anterior va aunado a un creciente número de hombres que cocinan, cuidan del jardín, atienden a sus hijos, lloran en público, reconocen el miedo, expresan emociones y aceptan vulnerabilidad, sin ser, a la usanza mexicana, jotos.

Mercadólogos celebran y fomentan que los hombres: se pinten el pelo para cubrir las canas o se pongan mechones de color; se hagan pedicure y/o cirugías discretas de nariz, cachetes, papada, ojeras, o una franca liposucción (el número de liposucciones para hombre en EUA subió un 421% 2001-2002, según la American Academy of Facial Plastic and Reconstructive Surgery); aparezcan con cortes de pelo realizados por estilistas profesionales; usen abundantemente cremas, lociones y desodorantes.

Es que esto tiene implicaciones billonarias y tiene todo el crecimiento por delante. Millones de hombres en el mundo -según estudios- gravitarán lentamente a esta nueva tendencia e incorporarán nuevos hábitos, productos y soluciones.

El metrosexualismo y personalidades como Beckham pueden confundir al macho mexicano porque Beckham -aparte de metrosexual- juega bien al soccer, tiene una esposa guapa, es papá, y nadie cuestiona su orientación sexual. Además se ve cómodo con su arreglo personal: sin complejos, sin dudas aparentes.

¿Dónde queda el macho mexicano en todo esto? Si lo hace Beckham -fotogénico, atlético, carismático- pues bueno, se le puede llamar excéntrico o para el caso metrosexual. Si lo hiciera el vecino de a lado, sería llamado sin duda: gay.

En un tono profundo Octavio Paz y Santiago Ramírez, entre otros, ubican a la Psicología del Mexicano y al machismo, como un laberinto complejo y difícil de sobrellevar.

El macho, el misógeno, el desconectado, el que le vale todo, el pasivo agresivo, tiene su origen en la complicada herencia de la cultura indígena con la combinación de la conquista española.

Es que el macho parte de una inseguridad y de una cerrazón a lo que le pueda dañar, le tenga miedo, le suene desconocido, o lo aleje del "rol apropiado". El homofóbico -entre otras cosas- tiene reticencia de hacer contacto con su parte femenina, admitir cierta fragilidad y por eso sobrecompensa.

El macho mexicano que "no se raja", que denigra a la mujer, que arremete contra los hombres afeminados, suele no estar a gusto con él mismo, y se cubre ante este concepto de hombría.

La conducta pasivo agresiva es una de las formas típicas en que se manifiesta el machismo: "me mandas, pero no me dominas; me maltratas pero no me duele; me friegas, pero no me importa; me afectas, pero yo acabo pudiendo más; y con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero, y mi palabra es la ley; no tengo trono, ni reina, ni nadie quién me comprenda, pero sigo siendo el rey. Y respecto a mi apariencia, el metro... qué, ¡eso es para viejas¡

Una persona tiene, por naturaleza, por biología, partes femeninas y masculinas. Anima y animus según Carl Jung, Yin y Yang, según el Tao milenario. Estrógenos y testosterona según la ciencia médica. Pero en México, tierra del macho, tiende a aplacarse la parte femenina como si fuera pecado.

Y lo interesante es que nuestra cultura está impregnada de esta conducta y es reforzada - todos los días- sutil y eficazmente alimentando el círculo vicioso. El machismo está presente aún entre hombres y mujeres mundanos y educados. De repente, aparece el gesto machista. Pero de repente aparece también la corriente metrosexual.

Particularmente los hombres jóvenes, sin los atores de generaciones anteriores y ante la apertura de la comunicación global, llevan la batuta. El viejo esquema de que el hombre se dedica a ganar el dinero y ser un tanto "descuidado" en su apariencia personal, va perdiendo lentamente su fuerza.

Si alguien te dice "fíjate que eres un metrosexual", no te vayas a ofender. Aún aclarado el concepto -espero-, tengo que reconocer que sigue sonando sospechoso.





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Horacio Marchand
Es consultor de empresas y catedrático de la Escuela de Graduados del ITESM

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