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Es el año 2090. Los mexicanos han adoptado como segunda lengua oficial al inglés y la moneda oficial es el dólar. Lo que fue la gran clase empresarial mexicana pasa la mitad del tiempo fuera del país –principalmente en Miami- disfrutando del dinero que les dieron por sus empresas; aunque algunas fortunas se evaporaron con las segundas y terceras generaciones.
Más del 60% de la fuerza laboral (mano de obra y profesionistas) radican en Estados Unidos, y esto, aunado a los más de 150 mil millones de dólares que los mexicanos tienen ahorrados fuera del país, hace que México tenga una de las tasas de ahorro interno más bajas del mundo.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), por fin ha cedido a los reclamos y protestas por todo el mundo, pero ya es demasiado tarde. Sus decisiones y esquemas de "ayuda" a los países en desarrollo lograron que la propiedad de sus activos se transfirieran a europeos, norteamericanos y chinos. La agricultura quedó finalmente arrasada. La globalización se asentó: los que tenían se comieron a los que no tenían.
El país se dedica principalmente a la subcontratación y a maquilar algunas piezas y partes especializadas que no se pueden conseguir en países africanos, a donde los europeos finalmente regresaron, así como los españoles a Latinoamérica.
Las compañías Exxon y Mobil Oil, ahora dedicados plenamente a la energía, acaban de instalar una base nuclear en la zona del Istmo de Tehuantepec y donde, dicho sea de paso, se empezará a construir un canal -que atravesará al país por su parte más delgada- para hacerle la competencia al canal de Panamá.
Después de bancos, telecomunicaciones, gas, electricidad, y otros, con la venta de PEMEX se termina la era del control mexicano sobre las empresas de servicios.
El gobierno reconoce que la influencia norteamericana es tan grande que las decisiones ahora se toman en conjunto. Incluso ya se discute la incorporación de México a Estados Unidos. Los puertorriqueños están emocionados de que más hermanos latinoamericanos sean parte de esta gran nación.
Es posible que todo lo anterior ocurra si los mexicanos nos dejamos llevar y simplemente no hacemos nada. Puede haber más escenarios, pero este no necesariamente es malo. Puerto Rico tiene un ingreso per capita y tasa de alfabetismo mayor que la de México.
Si se quiere hacer algo para cambiar este destino, el asunto es que aparecen los viejos demonios. Seguido de una intención de cambio y de "echarle ganas", aparece el script cultural de los mexicanos:
Ay otra vez, un pobre idealista; un inocente patriota. Qué flojera, ¿en qué sueñas mexicano? Los mexicanos no tenemos remedio, güey, qué no entiendes. No podemos confiar en nosotros mismos, no hay solución. Agarra lo que puedas y vete, y hazlo en sigilio porque si te ven, te lo quitan.
Hay una inercia pesimista y fatalista endémica, y cuando alguien levanta la mano para cambiar las cosas, aparece el cinismo para apagar la esperanza de cambio. Entonces las manos empiezan a levantarse cada vez menos, hasta que cesan.
Pero conviene seguir levantando la mano. Y cualquiera lo puede hacer. Cualquiera que ame a este país y que le de cansancio ser el pato feo del Nafta, el bandido de la película, el corrupto, el transa, el muerto de hambre, el analfabeta.
¿Y entonces?
Desde mi perspectiva de mercadólogo-estratega, considero que:
1.- No es sostenible seguir llegando tarde a la fiesta: tarde como agricultores, tarde como industriales, tarde como tecnólogos e informáticos. Es necesaria una nueva dirección estratégica en una carrera diferente a la que tradicionalmente siguen las naciones.
2.- Existe el Marketing de Naciones: donde el mercado es el mundo, y el producto es México; además se trata de un muy buen producto.
3.- La gran ventaja competitiva de México es su excelente condición geográfica y cultural, su historia, su cocina, su vocación de servicio, su clima. Es una ventaja única, no erosionable, difícilmente imitable, y totalmente sostenible.
4.- El mundo desarrollado tiene un gran vacío existencial y está agotado por el stress del mundo capitalista: infartos, divorcios, drogadicción, alcoholismo. Así como el Tibet era la cuna espiritual del mundo, México tiene todo para posicionarse como el fundador de la Industria de la Humanidad (ver artículo previo).
5.- Las naciones -como las regiones, las industrias, las empresas y las personas- tienen un posicionamiento lo quieran o no. Este posicionamiento es clave para definir nuestro lugar en el mundo.
6.- El posicionamiento se refuerza cuando se ejecuta sólo un gran objetivo por sexenio (o perderse en el exceso de prioridades) para que alinee y explote oportunidades conforme a una propuesta de valor diferenciada, considere la competencia entre naciones, y resalte la infraestructura natural.
México podría ser el centro de estudio, de arqueología, de filosofía, de bienestar del mundo. México podría ser el lugar donde la persona encuentra la mayor ambición del espíritu, y reúna a la totalidad de industrias y expertos de este giro. México: tierra de descanso. México: tierra de la oportunidad personal. México: el fundador de la industria para la humanidad. México: donde el clima refleja a la persona.
México: lo que quieran; pero algo.
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