Salvador TreviñoOlga QuirozJosé VargasEfraín BenavidesLuis Córdova
Artemio AbregoMarcela de la MazaCarlos ZepedaSonia Gutiérrez-OteroOlivia DehezaEduardo RedondoRafael López
Armando NájeraRubén TreviñoHoracio MarchandRicardo HomsLionel Jean-FrancoisÓscar Morales
Habib ChamounEduardo FernándezRaúl Sampayo ClimacoRenato BlancoJosé Ignacio Domínguez
Percy Mariñelarenaechainpartners.comCandor GutiérrezBeatriz CarrilloGerardo CárcobaMarco Sáenz
Gina LugoAlejandro AguilarJordi PascualEnrique SesmeroÓscar Tiburcio

Proporción Divina

Antes de querer ser el Bill Gates mexicano, yo quería ser el Brad Pitt mexicano. Quería ser guapo y tener docenas de muchachas a mi merced que me llamaran por teléfono incesantemente, que me propusieran viajes -pagados por ellas- a Cancún o Cabo San Lucas. Y por más que pregunté a diversas mujeres sobre qué hace atractivo a Pitt, fueron muchas las versiones y no encontré un común denominador. Lo que sí puedo afirmar es que hay algo invisible que gobierna las reglas de la estética y, en cierta forma, de lo que el mercado finalmente consume; de lo que es aceptado por el público, ya sea productos o personas, de lo que es rechazado



La aceptación y la belleza está definida en gran parte por el Zeitgeist -el espíritu de los tiempos-, algunas teorías evolucionistas, así como por algo más primitivo que está metido en el subconsciente y que seguramente forma parte de los arquetipos de Jung.

Parece ser una estructura que tiene reglas muy claras pero que a las personas nos parecen difusas. Si estas reglas se descubren y se cumple con ellas, entonces será: exitoso el producto o negocio nuevo que salga al mercado; maravillosa la pintura; número uno en popularidad la canción; correcta la decisión de negocios; un bestseller el libro; un líder el político.

¿Cuáles son esas reglas?

En respuesta cliché: si las supiera no estaría aquí. Y eso que constantemente me consultan y me toca dar opiniones sobre lanzamientos de productos nuevos, diseños de anuncios, logotipos y eslogans; y por más que me esfuerzo en predecir, me topo constantemente con lo impredecible.

Algunos ejemplos.

Compras un cd de tu intérprete favorito, y de las 10 canciones sólo dos o tres te gustan.

Vas a una exposición de pinturas, le das la vuelta completa y decidas que están bien, pero las que te gustan especialmente son dos.

Descubres a Vargas Llosa o García Márquez porque leíste un libro y te fascinó; compras más y no te gustan como el primero, y abandonas al autor.

¿Mujeres bellas? Giselle Bundchen, modelo de Victoria Secrets, es la mejor pagada del momento y su belleza es obvia. Julia Roberts –Pretty Woman- y Sarah Jessica Parker –Sex and the City- poseen una belleza “especial” y poco tienen que ver con el estilo de Bundchen o con la belleza de cara por ejemplo de Elizabeth Taylor cuando joven; incluso hay quien dicen que Roberts y Parker son más bien “narizonas”, pero la realidad es que tienen un “no se qué”.

Algunos expertos en estética afirman que no es tanto la belleza de las facciones en sí misma, sino las proporciones y la simetría entre los dos lados de la cara o del cuerpo: entre más simetría, más belleza. Y me miré en el espejo y me comparé mis dos lados: un ojo ligeramente más grande que el otro; un lado de la nariz ligeramente más caída que el otro; una ceja ligeramente más arriba que la otra; y mejor me alejé del espejo.

Los edificios igual. Hay algunos carísimos que pasan desapercibidos y hay otros que con poca inversión gozan de gran impacto porque tienen algo especial que trasciende a una explicación lógica; por ejemplo la Torre Eiffel de París.

En la comida, las recetas también son un tema de proporción. A pesar de que esté la receta escrita los platillos saben diferentes. Los chefs le ponen un poquito más de x, un poquito menos de z, e innovan con variaciones menores en el procedimiento.

En marketing -como receta de cocina- está el marketing mix que acuñó Neil Borden, que tiene que ver con la combinación, administración y sinergización de las proporciones que componen los elementos del ejercicio del marketing. Pareciera como una ecuación algebraica, por decir: éxito=2x+5b3(y+z)/5 (w+3z) y que según sea manipuladas las proporciones, producirán resultados diferentes.

¿Cuál es entonces la combinación ideal, la proporción divina, en belleza, música, cocina, construcción, marketing, etc. ?

Hay diversas teorías, y una de las más antiguas se constituye en el siglo XVI. Luca Pacioli estableció cinco atributos especiales, los primeros cuatro: unidad y unicidad, trinidad, proporción humana, inmutabilidad. El quinto atributo le llamó proporción divina porque representa al cielo.

Da Vinci ya había jugado con la idea de mezclar el arte con la geometría de la naturaleza. Otros que le siguieron fueron Miguel Angel y Rafael, que se abocaron a incluir a la proporción divina en sus cuadros.

En el caso específico de la escultura de David, la proporción de oro se conforma desde la posición del ombligo con respecto a la altura y de ahí hacia las articulaciones de los dedos. En esta ocasión ni siquiera hice el intento de verme en el espejo.

Esta proporción está presente en edificios -principalmente iglesias- medievales. Goethe definió a la arquitectura como “música congelada”. ¿Existe una proporción perfecta entre la altura y el ancho de la visualización?

Un fuerte candidato es el número PHI, no lo confundas con PIE (3.1416). PHI es un estándar de balance y belleza en relación a proporciones. El número PHI es 1.618033988, y está relacionado con la secuencia Fibonacci, donde cada número es la suma de los dos números que la preceden: 0,1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89,144,233… Esta secuencia aparece frecuentemente en geometría y las proporciones en la naturaleza, por ejemplo flores, árboles, delfines, y proporciones humanas.

Todo parece tener un tono, una secuencia: desde el maratonista, el artista y hasta el hombre de negocios lo han experimentado. Es indiscutible la existencia de un ritmo en el fondo - incluso puede graficarse matemáticamente- que nos regula, que nos mueve y que al mismo tiempo, lo regulamos y lo movemos. Reconocer que existe algo como la llamada Proporción Divina, que nos trasciende e interactúa todos los días con nosotros, puede reforzar el hecho de que no todo en la vida se reduce a los cinco sentidos.





¿Te gustó esta columna?
                    No

Horacio Marchand
Es consultor de empresas y catedrático de la Escuela de Graduados del ITESM

Columnas Previas


DIRECTO A TU MAIL

Recibe esta columna periódicamente





- Winter mexicans
- La industria de la humanidad
- Idea México










CONTENIDOHERRAMIENTASCOLUMNAS
ENCUESTACASOS DE ÉXITOFORO DE DISCUSIÓN
CHAT CON EXPERTOSLINKS EVENTOS Y CURSOS
DIRECTORIOSESPACIO PERSONALPERFILES
PREMIEREHUMORHIPERTIENDA

© 2002 Hipermarketing.com
Todos los Derechos Reservados


Click Here!