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En este sentido, México es un wannabe, tanto del primer caso como del segundo.
Aunque aclaro que la forma más predominante de interpretación de un wannabe es la segunda, donde se etiqueta a las personas con un claro sentido de burla. La realidad es que hay una frontera muy delgada entre un deseo aspiracional y entre el intento estéril. Muchas de las historias del mundo se centran en el desfavorecido (underdog), que a base de convicción, disciplina y el fuego interno personal le ganan al dominante (top dog); por ejemplo, cómo olvidar a Rocky y a Luke Skywalker.
Pero también hay casos donde el underdog está perdido y por más historias enaltecedoras del indomable espíritu humano, hay objetivos inalcanzables y/o sumamente caros de conseguir.
Sobresimplificando, aquí un ejemplo para ver si puedo hacer el punto: yo quiero ser el tenista número 1 del mundo; quiero ganar Wimbledon, ganar mucho dinero y quizá ligarme a alguna de las jóvenes tenistas rusas que andan por ahí. Puedo practicar como loco, conseguirme al mejor entrenador del mundo, invocar a algún Dios mitológico para que manipule mis top spins y confunda al enemigo, y hasta pararme de cabeza; pero -a menos que ocurra un milagro santificable- no me será posible.
Ser cuarentón es pésimo para iniciar este tipo de carrera. Ni siquiera es posible montarse a este eje o liga. No es ni la edad, ni la condición, ni el ambiente; me moriría de hambre. Tengo mis cosas buenas, pero elijo no competir en este eje.
México tiene muchas cosas buenas: es una de las economías más grandes del mundo, de los principales exportadores, de los socios comerciales más importantes de Estados Unidos y tiene la fama más pintoresca de Latinoamérica.
Pero México no puede competir en este mismo eje de los países avanzados, porque perderemos.
Se tienen que elegir los nuevos ejes en los que vamos a competir o, mejor aún, definir un eje nuevo (una nueva categoría) y ser la cabeza.
La primera regla en contra del wannabismo crónico es dejar de imitar obsesionadamente a otros y concentrarse en explotar lo que ya se es. Y se requiere autoestima, imaginación e irreverencia para romper reglas.
Enfocarse a ser un original y no una copia.
México quiere ser una potencia mundial. También queremos quitarnos el estigma de que somos flojos, corruptos y mentirosos; queremos el respeto del mundo; queremos tener una clase política que no salga en los medios extranjeros como ejemplos de surrealismo; queremos ser temidos en el fútbol como Brasil y Argentina y queremos ganar más medallas en las Olimpiadas que Cuba; queremos ser protagonistas de la "raza de bronce", como decía Machado, donde los latinoamericanos seremos la punta de lanza.
Si queremos esto, entonces desde un punto de vista estratégico, México tiene que jugar otro juego diferente, en el cual se desarrollan y se desplazan los desarrollos competitivos tradicionales.
A México, como país:
1.- No le conviene seguir compitiendo en el eje agricultura-industrial-sistemas de información.
2.- En lo industrial, es muy difícil competir -en las condiciones actuales- contra China. Hay sobrecapacidad instalada en el mundo, y mientras los países desarrollados definan la parte intelectual y de diseño, los países en desarrollo estaremos siempre a su merced. A menos que se trate de nichos muy enfocados, de diseños sofisticados o que haya marcas involucradas, lo industrial en México se tiene que reinventar.
3.- En la agricultura, es muy difícil competir contra los subsidios al campo que dan las economías del primer mundo a sus agricultores. Además, el tema del campo en México está bastante agotado.
4.- En lo tecnológico y sistemas de información, es muy difícil competir contra los clusters a-la-Silicon Valley. Crear un Bangalore sería carísimo, y lo peor es que no es una ventaja sustentable porque también se basará en precio.
5.- Nos quejamos que la productividad va a la baja, pero no nos preocupamos por cambiar las métricas y replantear lo que medimos y para qué lo medimos.
Entonces, a México le conviene:
1.- Elaborar un nuevo ángulo estratégico.
2.- Inyectarle al posicionamiento.
3.- Proyectarse hacia el mundo con una propuesta competitiva diferente.
4.- Capitalizar geografía, cultura, condición, historia, habilidades, capacidades, potencial.
Ya hay varias propuestas sobre la mesa de lo que México podría hacer y muchas de ellas van sobre el eje tradicional de competencia.
Por mi parte, he propuesto insistentemente la estrategia de montarse sobre la Industria de la Humanidad -una industria nueva, el nombre puede ser otro-, donde México -basado en sus fortalezas- crea una infraestructura de trabajo, esparcimiento y varias formas alternativas de vida, montada con tecnología y clusters de innovación en el desarrollo humano. Esto dispararía el esquema de Winter Mexicans, retirados, turistas, y una fuerza laboral sofisticada e incluso temporal, que a través de ancho de banda -broadband- quede virtualmente conectada a su lugar de origen.
Independientemente de si es acertado, factible o accionable, el caso es que ahí está una propuesta. Pensamiento original, intención estratégica, ganas de cambiar, implementación. No más wannabe.
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