Salvador TreviñoOlga QuirozJosé VargasEfraín BenavidesLuis Córdova
Artemio AbregoMarcela de la MazaCarlos ZepedaSonia Gutiérrez-OteroOlivia DehezaEduardo RedondoRafael López
Armando NájeraRubén TreviñoHoracio MarchandRicardo HomsLionel Jean-FrancoisÓscar Morales
Habib ChamounEduardo FernándezRaúl Sampayo ClimacoRenato BlancoJosé Ignacio Domínguez
Percy Mariñelarenaechainpartners.comCandor GutiérrezBeatriz CarrilloGerardo CárcobaMarco Sáenz
Gina LugoAlejandro AguilarJordi PascualEnrique Sesmero

Los Yodas

Navidad, a gastar, todo mundo a comprar; hoy es día de alegría, hay que regalar. Y todo parece cuadrar: aguinaldos, posadas, intercambio de regalos, comer y beber: botanita, postrecito, vinito, quesito, jamoncito, cervecita, pavito; y la pancita, por ahora, no importa. Hasta los astrólogos justifican esta euforia decembrina porque Navidad está envuelta de pleno en el signo Sagitario asociado a la abundancia y al dar.



Y el lado simbólico, el origen, a casi todos nos pasa de noche: el nacimiento de un niño judío llamado Jesús de Nazareth, conocido también como el hijo de Dios, que vino a este mundo para sacrificarse y así salvarnos (la tesis fundamental de San Pablo). Hace 2003 años que nació, e independientemente de la fe religiosa que se profese, sin duda este niño fue extraordinario al grado que partió al calendario de la civilización en dos: antes de Cristo y después de Cristo.

Pero es el lado festivo el que parece tener predominancia. Algunos lo condenan como americanismo, pero a la mayoría ni siquiera eso importa, ni invierte tiempo para analizar y reflexionar: ¡es Navidad !

En este último punto salen acusados publicistas y mercadólogos “que te hacen comprar puras cosas que no necesitas”, ubicando al consumidor como una víctima que se deja llevar inevitablemente y sin control.

Y qué miedo con los persuasores invisibles, aquellos que acuñó Vance Packard, donde la hipótesis era que experimentábamos un bombardeo de mensajes al nivel subconsciente que de manera casi hipnótica nos lanzaba mandatos a cumplir.

El ejemplo cliché que se le atribuye a esta corriente: en una película compuesta por miles de cuadritos escénicos de filme, se insertaban unos cuantos con el mensaje “bebe Coca-Cola”. Como pasaban tan rápido y eran tan pocos, el consciente nunca lo registraba, pero al parecer “la otra mente” sí, y en la primera oportunidad el público expuesto abarrotaba la dulcería para comprar el refresco.

Regresando a la Navidad, una niña conversaba con su espantada Mamá lo que quería de regalo y lo que la haría feliz. Y en eso, la niña de 6 años resolvió lo que quería ser de grande: feliz.

Tras preguntarle qué era para ella la felicidad, la niña –sin titubeos- dijo que un Porsche rojo convertible, una casa grande con mucho jardín y una alberca, aunque ésta última sea pequeña.

¿De dónde saca la niña la definición de felicidad?

Del mismo lugar que la sacan los adultos.

¿De dónde sacan los adultos la definición de la felicidad?

Quién sabe.

Los adultos parecemos estar tan perdidos como los niños. No hay respuestas sencillas, y hasta la pregunta misma está en duda.

Por eso, lo que ahora regirá nuestras vidas son los Yodas (tomado de La Guerra de las Galaxias) según Melinda Davis, (The New Culture of Desire), consultora futuróloga.

El Yodaísmo es la última expresión del deseo por encontrar un camino más claro en medio de la jungla moderna. Buscamos un poder sobrehumano para que nos enseñe el camino, que nos lo explique, que nos diga que hacer, y finalmente, que nos diga que querer.

La religión, para muchos la respuesta a cualquier pregunta, enfrenta -como todo- la obsolescencia o la insuficiencia, así como la necesidad de actualización y adecuación a la praxis del mundo actual (las religiones clave se elaboraron hace más de 2,000 años. Hinduismo, Budismo y Judaísmo preceden al Cristianismo).

Según Davis, la vida es demasiado complicada, demasiado avanzada, demasiado riesgosa, demasiado difícil para estar solos en nuestra pequeñez individual y de ahí que busquemos una ayuda del más allá o superior.

Ante esta complejidad, la alternativa es seleccionar a alguna entidad, al Yoda, para que nos provea un modelo de conducta, de ser, de tener.

Al escoger a un Yoda específico, se escoge el tipo de noticias que vemos, la información que perseguimos, el tipo de compras que hacemos, la manera de desenvolvernos cotidianamente, y la comunidad con la que nos referenciamos.

Algunos Yodas modernos podrían ser Martha Stewart, con su rol de la mujer de casa, y además millonaria; Richard Branson, con su glamoroso e irreverente grupo Virgin; Carlos Slim, Bill Gates, Lorenzo Zambrano, con su éxito empresarial; Deepak Chopra, con su síntesis de la vida espiritual, saludable y de riqueza personal; el Dalai Lama, Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta, con su vida como entrega; Tom Cruise, Ben Affleck, James Bond, Britney Spears, Madonna, con sus roles de héroe o heroína, y su talante cool; y así sucesivamente. Cada quién para cada cual le representa un rol, una posibilidad de personificación, y llevado al extremo, una resolución de vida.

El adolescente parece a simple vista más propenso para adoptar roles de otras personas y de fanatizarse abiertamente hacia ciertas figuras. Es que no tiene su identidad formada, dirán los adultos. Pero la realidad es que la identidad necesita de más tiempo para formarse y no se resuelve cuando termina la adolescencia. Después de la certidumbre esporádica de adoptar cierto comportamiento y actitud, aparece la duda nuevamente, ya en otra etapa del desarrollo personal. Esta duda se puede reprimir o se puede afrontar conscientemente, pero eventualmente acabará por resolverse a favor de algún otro Yoda, y donde la esperaza final y lo ideal, es que ése gran Yoda sea uno mismo con toda su esencia y ya.

Este deseo básico sin duda generará una oportunidad enorme para las personas y compañías que se aboquen a llenar el rol de Yoda.

¿Será el Yodaísmo la respuesta contemporánea de la persona, y por ende y su vez, de la entidad que pretende formar propuestas de valor para satisfacerla? ¿Exagerará Davis, o sobresimplificará y subestimará al humano en su búsqueda de sentido?

Puede ser, puede no ser.

Por lo pronto, yo ya me voy a hacer mis compras de Navidad porque me cierran las tiendas.





¿Te gustó esta columna?
                    No

Horacio Marchand Flores
Es consultor de empresas y catedrático de la Escuela de Graduados del ITESM

Columnas Previas


DIRECTO A TU MAIL

Recibe esta columna periódicamente





- Navidad y generaciones
- ¿Feliz?











CONTENIDOHERRAMIENTASCOLUMNAS
ENCUESTACASOS DE ÉXITOFORO DE DISCUSIÓN
CHAT CON EXPERTOSLINKS EVENTOS Y CURSOS
DIRECTORIOSESPACIO PERSONALPERFILES
PREMIEREHUMORHIPERTIENDA

© 2002 Hipermarketing.com
Todos los Derechos Reservados


Click Here!