Idea México
Por: Horacio Marchand Flores
Febrero 1, 2002

En los negocios se compite por lo menos por tres cosas: talento, financiamiento, y clientes. A nivel país la situación es igual: el mundo es un mercado global donde las naciones son empresas que simultáneamente operan como competidores y mercados; y el talento es el generador de ideas y el ejecutor de proyectos. En ambos casos el beneficio –o el daño- va para los ciudadanos de un país.


L as naciones pobres siguen exportando commodities y recursos naturales. Las naciones en desarrollo siguen atrapadas en el marco mental manufacturero y la diversificación por giros de negocio. Las naciones poderosas generan conocimiento y se apoderan del margen de utilidad de la cadena de valor.

Si no se tiene el potencial de vender conocimiento, México nunca saldrá de pobre. Y ahí empieza el conflicto de prioridades y la confusión, y se agudiza la falta de pensamiento original: si no se come, para qué educarse; si no se educa, no se puede crear conocimiento.

Una forma de medir el nivel de conocimiento y el capital intelectual de un país es la cantidad de patentes que se registran. Para ser competitivos globalmente, se deben generar patentes a nivel mundial.

Algunos datos y estadísticas (con información de "As the Future Catches You"/ Juan Enríquez):

En 1985 la oficina de patentes de Estados Unidos concedió: 12 patentes a argentinos; 30 a Brasileños; y 35 a mexicanos.

En 1998 esta entidad concedió: 12 patentes a argentinos; 77 a Mexicanos; 88 a brasileños; y 3,362 a Corea del Sur.

Entre 1960 y 1990 el salario real promedio de los Coreanos creció 9 veces. En México, el salario mínimo de 1960 y de 1990, sigue siendo -en términos reales- el mismo.

Gracias al enfoque a la educación y al conocimiento de los asiáticos, el crecimiento económico real de Corea fue 8 veces mayor que el mexicano. El 68% de los mexicanos gana dos salarios mínimos o menos, y esto indica que la mayoría de la gente gana menos que hace dos décadas (ver artículo previo: Nuevos Pobres).

La fuga de cerebros en México le pega de lleno al desarrollo socioeconómico. Se van a estudiar fuera una maestría o doctorado y muchos se quedan allá. El talento se mueve a donde puede florecer, a donde se aprecia el conocimiento, a donde lo que la persona sabe tiene un valor.

México exporta gente brillante, inquieta, irreverente, educada y experta que termina en empresas globales y/o universidades que aprecian la diversidad. Pero también exporta gente sin educación, rezagada y humilde, pero con fuerza y ganas de superarse y que termina en la pizca del campo, en las fábricas, como jardineros, o lavaplatos.

Esta fuerza vital se va a contribuir con la riqueza de otros países, en especial a Estados Unidos, mientras que México la pierde porque su infraestructura mental, económica y política no puede absorberlos.

Como dice Juan Enríquez: "En un mundo sin fronteras, aquellos (países) que no eduquen, y que no retengan a sus ciudadanos, perderán las guerras intelectuales".

Volviendo al tema de las patentes, ¿Quién patenta en México?

En 1997 la oficina de patentes en México recibió solicitudes por 10,531 patentes pero sólo el 4% eran de mexicanos.

El resto las generan Procter & Gamble, BASF, Kimberly-Clark, Bayer, Pzifer, Novartis, Hoescht, Johnson & Johnson, AT&T, Samsung, Eli Lily, L'Oreal, Motorola, entre otras.

Estados Unidos invierte el 2.6% de su Producto Nacional Bruto en investigación y desarrollo, México invierte el .3%. En dinero, los estadounidenses invierten 130 veces más.

Enríquez embate de nuevo: "Como país en desarrollo, se puede bajar la inflación, reducir la corrupción, bajar el presupuesto, privatizar, y ni así, se hará rico porque no se genera conocimiento, sólo se genera producto".

¿Y ahora qué?

Si la agricultura produce commodities, si existe sobrecapacidad instalada de manufactura del mundo (y China apenas empieza a despertar) y México depende del shopping que hagan estadounidenses y europeos, la respuesta lógica es la inversión en desarrollar capital intelectual y tecnología.

Una colombiana que estudia en nuestro país, tiene una idea más original para México: en lugar de seguir la escalera y subirse a la carrera asimétrica de agricultura, manufactura y capital intelectual, ¿por qué no romper el juego y convertirse en un país único que tenga competitividad, sin que necesariamente siga los lineamientos del mundo?

¿Cómo? Se le preguntó.

Y su respuesta se centró en que el desarrollo económico, el progreso, y el éxito de las naciones desarrolladas también tienen un alto costo. Mientras el primer mundo avanza, paga el precio con el alienamiento personal, el exceso de stress, la búsqueda de la esencia personal, la falta de descanso, el desbalance, la ausencia de hobbies.

Las clínicas para quitar adicciones están en boga, el consumo de medicamentos ansiolíticos y antidepresivos siguen en aumento. Los psiquiatras, psicólogos, sacerdotes, las nuevas religiones, el yoga, y la meditación también están de moda. El desarrollo también puede llevar a una descomposición de la salud física, emocional y espiritual.

La respuesta: una estrategia de país basada en lo anterior. México, capitalizando el turismo como core competence, con la vocación de servicio de su gente, la interesante amalgama histórica y cultural, la localización geográfica privilegiada, y con una intención estratégica a nivel nacional, que junte a la Iniciativa Privada, Universidades y Gobierno, puede ser el Shangri-La del mundo y convertirse en un país desarrollado.

La continuación, en este mismo espacio, la próxima semana.


* Horacio Marchand Flores hmarchand@hipermarketing.com
Es consultor de empresas y catedrático de la Escuela de Graduados del ITESM

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