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La visión cliente-proveedor entre instituciones educativas y empresas
Recientemente se realizó en la ciudad un Seminario que incluía un panel con distinguidos participantes: por un lado, los rectores de algunas de las principales universidades del país, incluyendo al ITESM, UANL, UDEM, UNAM, UR y U del Noreste, y por otro algunos capitanes de empresas de nivel nacional e internacional.
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Una de las más importantes conclusiones fue la de que no existe una adecuada VINCULACIÓN entre esas instituciones, y que había que tender los puentes que permitieran una alineación entre las necesidades del mercado laboral y las características y cualidades que debían formar las universidades en sus alumnos en función del entorno actual.
Los principales requerimientos que se mencionaron fueron: valores y habilidades (capacidades sería sinónimo).
Las habilidades más requeridas por los empresarios en la actualidad fueron: análisis de problemas, toma de decisiones, creatividad, trabajo en equipo y adaptación al cambio.
En mi opinión, el problema planteado es mucho más profundo de lo que aparece en la superficie:
1) El sistema educativo mexicano está desvinculado de sus clientes en todos sus niveles, no sólo en el universitario.
2) Está desvinculado porque no tiene visión cliente-proveedor en su cadena: desde preescolar hasta profesional.
3) No se centra en la formación de valores y habilidades, sino en conocimientos, y mientras más rápido mejor.
4) Con muy raras y honrosas excepciones, la institución educativa no mide con eficiencia y con herramientas modernas el impacto de su sistema de enseñanza en el desarrollo intelectual y emocional de sus alumnos.
5) También brilla por su ausencia la utilización de programas de calidad total y reingeniería de procesos enfocados al mejoramiento continuo del aprovechamiento escolar de los estudiantes.
Estamos muy lejos de tener un sistema educativo eficiente en México; muchos de nuestros niños y jóvenes ya quisieran al menos desayunar antes de ir a la escuela.
Sin embargo, los colegios privados y las universidades sí tienen recursos económicos para tener un nivel competitivo de calidad mundial. Yo les daría cuatro consejos:
1) Vincularse con sus clientes, con un enfoque de cadena, que vaya desde la primaria hasta profesional.
2) Medir el desarrollo de habilidades intelectuales y emocionales de sus alumnos, para poderlo optimizar, y también usarlo como vehículo de vinculación y medida de logro y valor agregado.
3) Identificar sistemáticamente áreas de mejora en los tres elementos básicos de los procesos de enseñanza: maestro, material educativo y alumno, instalando las medidas para implementar rápidamente soluciones a las áreas de oportunidad encontradas.
4) Tener menos maestros, pero mejor contratados, aunque sean de tiempo parcial pero que tengan cualidades comprobadas y reconocidas y experiencias prácticas. Hay muchos profesionistas destacados que harían labor social con gusto por el bien de la educación en México.
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