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C uando tuve la invitación para la presentación o “bautizo” del más reciente libro del escritor argentino Jorge Bucai no dudé en asistir. Nunca había tenido la oportunidad de estar en una ceremonia tan llena de magia como el mismo parto o el momento en el que se entrega ese nuevo tesoro que nace del alma del escritor.
Debo aceptar que el hecho de cruzar la ciudad de noche me inquietaba, además pensé que tendría que hacerlo yo sola, puesto que de las cuatro amigas que recibimos la invitación yo era la que más interés había demostrado precisamente por mi pasión por escribir. Para mi sorpresa todas estaban organizadas, conseguimos transportación hasta el corazón de Caracas en donde se llevaría a cabo la ceremonia y en menos de lo que pensé estábamos sentadas en los escalones centrales del totalmente lleno auditorio.
Todas habíamos escuchado por primera vez acerca del autor tan sólo un par de días antes, cuando una amiga nos invitó al bautizo. Sabíamos que era un psicólogo argentino que escribía libros de auto-ayuda o crecimiento personal pero a manera de cuentos. Nada más. Un simpático gordito de barba poblada, de mirada sincera y risa contagiosa no era precisamente la imagen que yo me había hecho en mi mente del autor. Su voz era potente y al instante que tomó el micrófono rompió con la monotonía de la presentadora y con el aburrimiento de los presentes. El autor era un libro abierto, su facilidad para expresar sus más íntimas emociones y su visión del camino hacia la felicidad eran increíblemente relatadas a manera de cuentos, simples y a la vez increíblemente complejos.
Durante la sesión de preguntas y respuestas se dedicó a responder con historias y cuentos que ejemplificaban sus pensamientos respecto a las complejidades de la vida y la riqueza que existe en enfrentarlas victoriosamente. El público entero estaba embelesado por el autor y por su increíble capacidad de expresión.
Cuando la sesión estaba a punto de concluir, una mujer se levantó sin aviso de entre el público, sus ojos llenos de lágrimas y su voz entrecortada lograron causar la sorpresa de los presentes. Ella le expresó al escritor públicamente su más profunda admiración, agradeciéndole de la manera más emotiva el hecho de que a través de sus cuentos ella había encontrado el sentido de su vida. El autor se quedó sin palabras y con grandísima humildad solamente le dio las gracias.
Fue hasta ese momento cuando se despertaron mis instintos de mercadotecnista, cuando mirando a mi alrededor pude ver consumidores, en lugar de un simple auditorio de personas escuchando. No podía esperar el momento del brindis, que se llevaría a cabo en la librería adjunta… ¿de qué forma la admiración impactaría la compra?, ¿qué tanto porcentaje de asistentes comprarían el libro? La inquietud no me dejaba tranquila, hasta que yo misma lo comprobé.
Las palabras de agradecimiento del autor en la librería me emocionaron y todos juntos brindamos por el éxito de su libro; los meseros ofrecían comida y bebida pero eran ignorados ante la necesidad de obtener al menos un ejemplar de la obra de Bucai sobre una mesa rectangular en el centro de la librería. Hubo quien incluso perdiendo el glamour apretujaba contra su pecho la colección completa mientras se dirigía a pagar, creyendo haber encontrado la clave de la felicidad. Curiosamente mientras estábamos en la fila una amiga (psicóloga de profesión) se detuvo a comentar lo influenciada que se sentía por el hervor de las emociones de la gente por comprar.
Definitivamente todos estamos en busca de la felicidad, sin lugar a dudas Bucai es una excelente guía… pero esa noche comprobé que no importa lo sublime o lo simple, lo emotivo o racional… el ser humano siempre será un consumidor.
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