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La Gran Incógnita
Alguna vez nos hemos preguntado ¿por qué los niños son incapaces de probar un plato de lentejas o una sopa de habas, y en cambio aceptan con entusiasmo degustar cualquier tipo de dulce que se le presente, sin importar el color, forma o procedencia?
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Tendríamos que evocar nuestra infancia para comprender el proceso mental por el que casi la mayoría de los niños, están dispuestos a “probar” productos nuevos sin miedo.
Y es que precisamente en esa última palabra se esconde el secreto del pensamiento infantil… en ellos no existe el miedo. El mundo se presenta frente a ellos como un abanico de sorpresas y vivencias nuevas, todo resulta apetecible ante su curiosa sed por experimentar. Conforme pasan los años se van archivando en su memoria las experiencias, perfectamente catalogadas en dos grupos. Así de simple, experiencias buenas y malas, que quedarán latentes y determinarán sus decisiones futuras.
Todo eso suena bien, pero a decir verdad resulta simplista no considerar otros factores que influyen en la "entrega absoluta" de nuestros hijos pequeños. Basta con asistir a una fiesta infantil en donde incondicionalmente las criaturas se lanzan sobre la lluvia de caramelos que cae de esa gran nube que ellos mismos desmembraron, la piñata. Cuando cae el primer caramelo, los niños se olvidan de todo, incluso del héroe que logró finalmente romper la piñata y quien generalmente sigue abanicando varios golpes hasta que el primer adulto se acerca a quitarle el palo. Este momento dorado, es una oportunidad clave para analizar la conducta de los niños como consumidores. Por extraño que parezca, representa la forma más auténtica y clara del comportamiento de consumo. Analizando el proceso…
¿Qué esperan los niños? El factor sorpresa es importante en los más pequeños, los más experimentados esperan dulces y quizá algún juguete.
¿La realidad cumple sus expectativas? Me atrevo a decir que siempre es así, sin importar la mala calidad de los "juguetes" de plástico ridículamente diseñados para abultar la piñata al menor costo o el sabor de las golosinas recolectadas.
¿Qué pasa por la mente del niño? La sensación de éxito. Por increíble que esto pueda ser para nosotros, cada caramelo es un trofeo porque para obtenerlo fue necesario arrastrarse por el piso, soportar jalones de pelo y el riesgo a recibir un palazo.
¿Qué podemos concluir de este ejercicio? Quizá sea ambicioso pretender que hemos comprendido el pensamiento infantil. Pero me atrevo asegurar que existen factores clave en ese momento que explican su conducta de consumo. No tener miedo a lo desconocido ( ellos esperan siempre algo bueno de la piñata, como de cualquier producto nuevo en el mercado) la influencia del grupo ( otros niños arrebatándose los caramelos o probando los nuevos productos ) y el sabor del triunfo ( haber recolectado algo de la piñata o haber convencido a mamá de comprar cierto producto nuevo ).
La última vez que rompí una piñata en una fiesta de adultos pude ver el mismo cuadro… el héroe del palo abanicando con los ojos vendados y el resto de los invitados convertidos en verdaderos niños arrebatándose el contenido disperso en el suelo.
Todos llevamos un niño adentro y si nos resulta difícil de comprender, basta con observar los comerciales de autos deportivos y tantos otros productos que han sabido comprender esta gran verdad.
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