Entre marchas

En ningún momento quisiera que se pensara que este artículo tiene que ver con política, ese tema se lo dejo a los expertos. Pero yo quisiera analizar los cambios tan fuertes que se dan en los patrones de consumo y demanda, en una situación de crisis como la que se vivió la semana pasada en Venezuela.



Se venía anticipando una revuelta entre el gobierno y la oposición. Con sus fatales consecuencias y con la triste pérdida de seres humanos se cumplió la profecía. El día 11 de Abril de 2002, la gente salió a las calles a manera de protesta, en una marcha luego de que Petróleos de Venezuela junto con la CTV le dieran calidad de indefinido al paro nacional convocado el día martes de esa misma semana.

Lo que pasó después ya todos lo saben, las noticias no han cesado de transmitir la información nacional e internacionalmente, pero las vivencias particulares dadas las inciertas circunstancias resultan por demás interesantes.

Primero que nada, el pánico de la gente se nos contagió a todos más rápido que una gripa. Inmediatamente todos (por supuesto me incluyo) salimos a las tiendas y centros comerciales para abastecernos de comida y básicos. Supuestamente el paro sería sólo por 24 horas, pero con la posibilidad de extenderlo. No puedo explicarles con palabras las escenas que se grabaron en mi mente aquél día en el que las cadenas de supermercados seguramente vendieron más que en dos meses.

Luego de la faena de encontrar estacionamiento, seguía la misión de encontrar carrito o carritos, según fuera la gravedad del miedo al paro. Una vez que encontré un carrito me dispuse a comprar… ¿qué compro? Me pregunté cuando caminaba entre el tumulto del primer pasillo en el que los productos aparecían ante nuestros ojos como joyas preciosas que quizá no podríamos adquirir en algunos días. Mi reacción y creo que fue la de muchos… espiar lo que llevaban en los otros carritos, quizá las otras personas se habrían informado de cuáles productos se escasearían o cuáles serían más necesarios que otros.

Recuerdo que en los demás carritos pude ver varios cartones de huevo, varias bolsas de arroz, frijol y la tan deliciosa harina para hacer arepas. ¡Tortillas de harina! Pensé, pero en eso recordé que todavía conservaba un paquete que recientemente me trajeron de Monterrey. Recuerdo que algunas personas incluso llevaban varios rollos de papel del baño… eso me hizo pensar… ¿qué pasaría si se escaseara?... entonces me uní al grupo de compradores compulsivos de papel de baño y por supuesto pañales para la bebé. Debo aceptar que cada vez que colocaba una de estas joyas preciosas (productos) dentro de mi carrito me sentía aliviada, había adquirido lo que necesitaba cuando aun estaba disponible.

En medio de este disparatado ataque compulsivo, masivo y total por abastecernos de productos ante la incertidumbre… debo reconocer algo que me debería avergonzar. Luego de acomodar estratégicamente el papel higiénico debajo del carrito para que no se cayera o fuera robado por alguna ama de casa en crisis, proseguí mis pesquisa de productos.

Es extraño concebir los productos desde esa "temporal" escala de valores, es como si de pronto tuviésemos un par de anteojos que nos hicieran contemplar los productos de una manera distinta. Se pensaba (como en realidad sucedió) que no podríamos salir de nuestra casa por cuestión de inseguridad, pero no sabíamos por cuanto tiempo.

Frente al pasillo de productos de belleza me detuve angustiada. ¿Quién me garantiza que la situación se componga lo suficientemente pronto como para comprar nuevamente el gel que uso para mi cabello?... y una vez que todo termine, ¿encontraré mi gel o viviré esclava de un cabello erizado para siempre? Cuatro o cinco botes de gel bien acomodaditos en el fondo del carrito fueron la respuesta.

Ahora que gracias a Dios las cosas volvieron a la normalidad todos hemos aprendido una lección, no hay nada más preciado que la paz. Pero a pesar de que hoy en día mi alacena parece bodega de supermercado, de poder sin problema empapelar la casa con papel higiénico o de que tengo garantizado el uso del gel por dos años seguidos sin comprar más, se que volvería a hacer lo mismo. ¡Para esa gripa no hay vacuna!

Entendí que cada quien tiene sus propias necesidades que (aunque no lo sean) para uno son consideradas básicas.





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Marcela de la Maza
Graduada del ITESM, Campus Monterrey en Diciembre del '93 de la carrera de Licenciado en Mercadotécnia

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