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Si bien es cierto que existen productos de primera necesidad, de los cuales no podemos prescindir, curiosamente en la mente de cada individuo existen diversos productos o servicios que por diferentes motivos llegan a posicionarse en los primeros lugares en su escala de valor.
Y es que los consumidores finales son seres humanos cuyo factor de subjetividad en la toma de decisiones es en ocasiones ignorado por los oferentes, quienes se limitan a analizar la escala de valor de un producto determinado desde un punto de vista objetivo, más sencillo y general.
Sin embargo, las mejores estrategias provienen de la comprensión del consumidor como individuo, con deseos y necesidades únicas, o mejor dicho del ser humano detrás de cada consumidor.
Para lograr esto es necesario sensibilizarse y acercarse al consumidor para conocerlo mejor, para conocer sus prioridades reales. Este factor de sensibilidad no es algo que pueda aprenderse en los libros o que pueda ponerse en práctica de manera efectiva dentro de un programa de inducción al entrar a una compañía... es un ejercicio diario que consiste en detenernos a analizar nuestras propias jerarquías de valor o las de quienes nos rodean.
El día a día nos enseña sorprendentemente las mejores lecciones de mercadotecnia, después de todo estamos rodeados de seres humanos, de consumidores...
Hace un par de semanas y luego de un laborioso trámite de visas llegó finalmente a nuestra casa una joven nana que contratamos originaria de Ayoczintepec, un pequeño pueblo en Oaxaca. Era su primera vez en Estados Unidos y su intención al dejar a su familia y venir a trabajar es ahorrar dinero para poder mandar a sus seres queridos.
El primer fin de semana salió a conocer la ciudad con otras jóvenes mexicanas que igualmente se encuentran trabajando con el mismo sueño de mejorar la calidad de vida de sus familiares.
Esa tarde al regresar me sorprendió que a pesar de mi consejo de ahorrar lo más posible y de su propia convicción de hacerlo, traía consigo una bolsa de plástico de una de las tiendas de zapatos de la ciudad. Le pregunté que había comprado y con una gran sonrisa sacó la caja y me enseñó un par de tenis con un colorido diseño de “Digimón”.
Me dijo mientras los colocaba sobre la mesa como si quisiera admirarlos por un momento, “Mi hijo alguna vez vio este personaje en la televisión, pero en el pueblo no hay nada del Digimón, por eso se los compré acá, le van a gustar mucho.”
"No pude evitar echarle un vistazo al recibo de la tienda que había quedado dentro de la caja, pero al ver la ilusión con la que acomodaba los tenis uno junto al otro comprendí que el verdadero valor para ella sobrepasaba enormemente al precio.
Yo me pregunto... ¿De qué forma se modificarían las estrategias corporativas si tan sólo por un momento comprendieran el verdadero valor percibido para su producto o servicio?
Sin lugar a dudas muchos niños de Ayoczintepec tendrían sus tenis de Digimón. "
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