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Quiero aclarar desde un principio que este tema no será tratado desde un punto de vista feminista sino totalmente femenino ya que a mí me toca vivir en carne propia esta situación.
Las mujeres hemos tenido un desarrollo impresionante en la vida laboral del país ya sea por gusto o por necesidad.
El segundo caso (necesidad) es de destacarse ya que la gran mayoría de las mujeres que trabajan en nuestro país es por necesidad ya que son cabeza de su hogar por una situación común (tristemente) de ser madres solteras y se desempeñan en labores arduas, no por esto menos dignas, pero sí muy mal pagadas.
Pero el objeto de esta columna es discutir el primer caso (por gusto), que se refiere a aquellas mujeres que hemos tenido el privilegio de acceder a una educación media superior y que nos desempeñamos en el ámbito empresarial en donde se ha venido luchando desde hace años para tener un trato equitativo con los hombres que por tradición ocupan estas posiciones.
Cada vez es más común ver mujeres ejecutivas en los aeropuertos que con su maleta y portafolios se dirigen a diversos destinos por cuestiones de trabajo. Mujeres que en los restaurantes de los hoteles comen solas e igualmente regresan a sus lugares de origen siguiendo un ritmo de vida que les exige estar a la par del mejor de sus colegas masculinos.
Lo relevante de este caso es que aunque hemos obtenido un trato "igual" (y lo pongo entre comillas porque a mí me ha tocado ser víctima de "discriminación sexual") en el ámbito empresarial, todavía somos presas de incomprensión por la mayoría de los hombres que siguen buscando una mujer inteligente pero dispuesta a dejarlo todo por formar un hogar y dedicarse de lleno a él.
Hace poco terminé de leer el nuevo libro de Guadalupe Loaeza "Debo, Luego Sufro" (por cierto muy recomendable), en donde se toca un tema relacionado con este que es el consumismo.
En este libro se plantea esta situación y comenta acertadamente que en cierta fase de nuestra escala de necesidades, la necesidad de reconocimiento no es una que esté satisfecha dado que se ve a estas mujeres como demasiado independientes e incluso existe el temor de que ellas lleguen a tener un desempeño tanto profesional como económico sensiblemente superior al de sus parejas.
¿Cuál ha sido la reacción psicológica de este asunto? Un incremento en el consumo de bienes no precisamente de primera necesidad que busca llenar este vacío de reconocimiento de manera que ellas mismas se den esa palmadita en el hombro que se merecen por tan ardua labor.
La publicidad de tiendas departamentales es un ejemplo muy claro de esto. En ella podemos ver reflejada la imagen de mujeres independientes que tienen el poder de poseer una tarjeta que les ayuda a comprar ítems que les dan status y reconocimiento, con la ineludible recompensa de sentirse autosuficientes y seguras al poder reconocer su esfuerzo.
Pegándole al sociólogo, creo que el fenómeno social que esto representa es importante y digno de tomarse en cuenta debido a que al extenderse la etapa laboral femenina obviamente se extiende también la edad casadera que antes estaba entre los 20 y 23 años y que ahora va de los 28 en adelante.
Si consideramos que la edad promedio de graduación de carreras profesionales está entre los 22 y 24 años, el pensar en casarse a los 30 le da a la mujer una vida laboral útil al 100% de 6 ó 7 años, tiempo en el que en un ambiente tan competido apenas podemos empezar a destacar.
Las mujeres de hoy en día somos más astutas en este sentido, nos volvemos más agresivas ya que consideramos que tenemos que darlo todo en esta etapa laboral para ganar experiencia y más adelante, si queremos tener un buen equilibrio laboral y personal, poder vender esa experiencia como consultoras, maestras o profesionales destacadas pero de medio tiempo que nos permita tener una vida familiar "normal".
Si a esto sumamos que definitivamente existe discriminación sexual en el trabajo pues nos hace todavía más difícil la tarea, dado que tenemos que buscar empresas que ignoren nuestra capacidad tan poco ventajosa (desde el punto de vista empresarial) de tener hijos, ya que esto se considera como totalmente distractivo para el personal femenino de una empresa.
Yo me he topado con empresas que de entrada no contratan personal femenino por esta "desventaja", otras que tienen políticas como que al segundo hijo automáticamente se liquida a la persona o aquellas que no tienen políticas de este tipo pero que simple y sencillamente no otorgan posiciones estratégicas a mujeres dado que sienten pueden fallarles en cualquier momento.
Señores, las mujeres tenemos ventajas laborales, seamos o no profesionistas. Definitivamente somos muy competitivas dado que sabemos los retos dobles a los que debemos enfrentarnos. Sabemos que tenemos que estar doblemente preparadas, doblemente dispuestas y ser doblemente hábiles para poder abrirnos camino en un mundo de hombres. Somos leales con aquellas empresas que confían en nuestra capacidad y nos dan oportunidad de ampliarla y, como consecuencia obvia, logramos un desarrollo muy beneficioso para la empresa.
Tengo el orgullo de decir que actualmente laboro en una empresa única donde la Dirección General la ocupa una mujer que a base de esfuerzo ha demostrado su talento y ahora se encarga de dirigir el futuro estratégico de una de las empresas regionales más importantes, y que obviamente confía en el talento tanto masculino como femenino para los logros específicos de su organización.
Creo que en estos tiempos que nos llenamos la boca al hablar de globalización, de equidad y de desarrollo empresarial no podemos perder el tiempo en asuntos tan triviales como el sexo de nuestros empleados. Tanto hombres como mujeres tenemos nuestras ventajas y creo que en algunos puestos es más estratégico para una organización contar con mujeres de manera que la misma organización logre un equilibrio en las actitudes inherentes de cada sexo.
Esto obligaría también a empezar a pensar como empresarios en hacer reformas sustanciales en las políticas laborales de los empleados, ya que, pasándome ahora al lado masculino, en la actualidad los hombres también tienen una responsabilidad hogareña mayor que la de antaño, en donde las labores de educación y crianza de los hijos no recaen en mayor medida en las mamás sino también en ellos.
La cuestión aquí es que el mismo país no tiene la infraestructura para poder garantizar un desarrollo pleno de la mujer en la parte laboral ya que no tenemos por ejemplo guarderías de primer nivel en las que podamos confiar plenamente para "dejar" (a falta de un mejor adjetivo) a nuestros hijos y eso nos limita. El costo de oportunidad para las empresas es el de perder talento femenino importante que aportaría mucho dinero a las organizaciones.
Concluyo diciendo que esta no es una situación que nos atañe únicamente a las mujeres, recuerden señores que ustedes también tienen hijas las cuales buscarán las mismas oportunidades que en estos momentos nosotras estamos buscando.
En un mundo que se ha vuelto tan difícil, caro e insensible, ya no basta un sueldo para mantener un nivel de vida promedio, se necesitan dos y si este es el mundo que estamos forjando, el futuro será aún más demandante.
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