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Gina Lugo

Beto y Luisa

Tamara es una pequeña que acaba de entrar a tercero de kinder. En su mundo aún sólo caben su familia, sus juguetes, su escuela y sus amiguitos. No hay nada más allá de lo que a ella da seguridad por ser familiar. Su corta edad y su fortuna no le han hecho pasar penas ni angustias. Es una niña feliz.



Su abuela Nonnie, privilegio afortunado para Tamara, al haber enseñado a sus hijas desde los cinco años a leer y a escribir, decidió hacer lo mismo con sus nietas. Sabrina, la mayor, aprendió en tiempo record, llenando de orgullo a su maestra, al resto de la familia, y al difunto profesor Luis Urías, creador del método de Beto y Luisa que para Nonnie es infalible y el mejor del mundo. Tamara decidió demostrar que no hay método infalible.

A los ya muchos meses de entrega y dedicación por parte de maestra y discípula, de paciencia de la abuela que veía a la niña pararse, sentarse, distraerse y cantar, y de sacrificio de la pequeña que mil veces preferiría estar haciendo cualquier otra cosa menos aprender a leer y a escribir, llegaron a un buen día, en el que los astros chocaron e hicieron a la digna abuela explotar. "Tamara, eres una ignorante. Me rindo", dijo la abuela con total abatimiento. Sin inmutarse y con tono condescendiente, contestó la criatura: "No, Nonnie, no soy ignorante, sólo me desconcentro".

Hay veces que queremos hacer muchas cosas. Otras ninguna. Pero no hay nada más terrible que tener que hacer algo y no poder concentrarnos. Tener la mente en otro lugar; el espíritu en otra cosa; la pasión en otro lado. Querer estar haciendo otra cosa, y tener ese sentimiento de pérdida al no estar donde queremos.

Pero el mundo de responsabilidades es así. Nos obliga muchas veces a hacer algo que no queremos pero que debemos hacer. A estar en un lugar o a actuar de determinada manera. Una persona sensata y honesta hará estos pequeños sacrificios por puro acto de responsabilidad. Otros, tristemente, tal vez lo hagan por debilidad, por querer complacer a alguien, por querer aparentar o formar parte de algo, independientemente de que les disguste.

Pero más triste muchas veces es haber iniciado algo y perder la pasión en el camino. Dejar de sentir entusiasmo y pasar al agobio, al desagrado. Triste porque entonces nos cuestionamos si en verdad quisimos haber iniciado en un principio, porque dejar algo que se quiere no es fácil. Es más, es duro y doloroso.

Pero hay casos también en donde por puro gusto nos desconcentramos. Así me ha pasado a mí. Llevo más de un mes desconcentrada. Y la culpa total la tuvo la misma Nonnie, quien en compañía de su inseparable hermana, mi tía, me llenaron de alegría. Un mes lleno de discusiones interesantes sobre libros, de arte, comida deliciosa y todas las cosas que vienen con la mejor de las compañías.

Como no todo es perfecto, Cruela se aseguró de darnos un susto llevándonos hasta el hospital en todo y ambulancia... mero susto Cruela, ganó el bien.

Así que de nuevo en mi terraza, me siento y desde la misma condescendencia con que Tamara vio a mi madre, yo también le digo; Nonnie, me desconcentré. Pero... I am back.





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Percy Mariñelarena
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