Salvador TreviñoOlga QuirozJosé VargasEfraín BenavidesLuis Córdova
Artemio AbregoMarcela de la MazaCarlos ZepedaSonia Gutiérrez-OteroOlivia DehezaEduardo RedondoRafael López
Armando NájeraRubén TreviñoHoracio MarchandRicardo HomsLionel Jean-FrancoisÓscar Morales
Habib ChamounEduardo FernándezRaúl Sampayo ClimacoRenato BlancoJosé Ignacio Domínguez
Percy Mariñelarenaechainpartners.comCandor GutiérrezBeatriz CarrilloGerardo CárcobaMarco Sáenz
Gina LugoAlejandro AguilarJordi PascualEnrique Sesmero

De Reversa

Cuando era adolescente tenía un sueño: manejar como mi hermana. Para mí no sólo era la mejor piloto del mundo, sino también la más cool, intrépida y hábil. Se conocía toda la ciudad, los mejores atajos, maniobraba con total precisión, saludaba a los tránsitos estratégicos en el camino a la escuela, controlaba la mejor música y parecía modelo con sus lentes oscuros en su bólido blanco.



Cuando me compraron mi primer auto me di cuenta de que no era nada fácil controlar tantas cosas al mismo tiempo, y que a pesar de que me encantaba manejar, el trayecto era mucho mejor cuando me ponía en manos de un buen chofer, como lo sigue siendo Azúa.

"Pasamos por ti a las ocho", me dijo mi amiga Ros cuando ultimábamos detalles para nuestra andanza de fin de semana. Yo quedé de lo más tranquila, sabiendo que sería una noche divertida, saliendo sólo con amigas.

Llegaron por mí en un carro que yo no conocía, manejado por una chofer a la que tampoco conocía. Mis dos amigas estaban en el auto, así que en total éramos cuatro. Una vez terminadas las presentaciones con la chofer, emprendimos el camino; a los pocos minutos yo ya llevaba tres rosarios y veinte arrepentimientos. Esta niña al volante no sólo no sabía conducir; era una amenaza.

Creo que la sorpresa de la falta de pericia de la chofer nos dejó pasmadas a las tres amigas que íbamos de pasajeros, y nadie pudo decir nada mientras volante en mano, la desconocida rompió toda regla de tránsito, y también muchas de las de lógica elemental.

Creo que en su mente, todo en un auto se arregla con la reversa: te pasas de calle, reversa. Te parece bueno un lugar para estacionarte que se te pasó hace dos cuadras, reversa. Te parece que ese no es el camino, reversa. Y así, entre reversa y reversa, yo me iba poniendo lívida y espiritual.

En un momento de gracia celestial se detuvo la violenta conductora. Ahí aprovechamos todas para decirle que nos tenía demasiado espantadas, y que por piedad olvidara la reversa. Ella volteó a vernos con una expresión que sólo podía decir "cómo se atreven, ingratas, si manejo perfecto?!". En eso, dos tránsitos se nos acercan, pues se preguntaban por qué se había parado tan abruptamente un auto a mitad de la calle, pues en efecto, se había detenido pero en plena vialidad, obstruyendo el paso.

Les explicamos que estábamos perdidas y pedimos indicaciones. Muy amablemente los agentes nos indicaron el camino. Tras darles las gracias, le hicimos un gesto a la chofer de poder reiniciar la marcha. Lo hizo, pero en vez de primera, metió reversa..... "Noooooooo", gritaron los agentes. "Noooooo", gritamos nosotras. "No quéeeee????" gritó ella, y agregó: "tranquilas, que somos mujeres, y por ser bonita, las perdonan, no?"

"Y desde donde tu te ves, realmente te consideras bonita?" Eso fue lo único que atiné a decir en mi total estado de perplejidad y ya sin nada de capacidad de control. La frase sonó en todo el auto que se quedó en el más grave de los silencios. Mis amigas del mutismo pasaron a la carcajada. La chofer no me respondió, pero me lanzó una mirada matadora con unos ojos de plato. No me volvió a hablar, pero tampoco fue necesario, porque desertó del plan de inmediato, una vez que nosotras ya estábamos en tierra firme, agradecidas de estar en una sola pieza y tan sólo con un susto enorme. Un drink, y las tres recuperamos nuestro color.

Esta mujer piensa que toda imprudencia, tontería y estupidez que haga en el mundo puede quedar impune por ser mujer. Bonita, bajo su criterio, que se merece la simpatía de todos. Fea, diría yo, como cualquier persona prepotente que cree poder salirse con la suya bajo la influencia del hechizo de sus encantos.

Yo no soy feminista, tal vez porque desde hace tiempo me di cuenta de que dejas de escuchar frases sexistas o machistas cuando actúas como persona y no como mujercita, o como super feminista, o como coqueta, o como dependiente de otros. Actuando normal, con educación y haciendo bien las cosas, poco a poco los más retrógradas van perdiendo la ilusión en sus comentarios o actitudes sexistas que parecen hacerse más insípidos a cada día.

Pero mientras existan mujeres machistas como esta intrépida chofer, ¿se puede acusar a cualquier hombre que la haya visto y que haya dicho en tono de burla, "mira, tenía que ser mujer"? Yo no podría, si yo misma perdí la compostura del enfado que me dio ver cómo alguien era tan inconsciente al tener bajo su cargo otras vidas.

Malos choferes hay de todo sexo y color, pero hasta hoy ningún amigo que haya hecho una barbaridad al volante me ha dicho que por bonito se la deben de perdonar. Mejor se disculpan y tratan de no volver a cometer el error.

Ese día las tres amigas regresamos en taxi. Acordamos no volver a invitar a nuestra chofer, y sí ser más estrictas con cualquier conductor que maneje imprudentemente cuando seamos sus pasajeras.





¿Te gustó esta columna?
                    No

Percy Mariñelarena
0

Columnas Previas


DIRECTO A TU MAIL

Recibe esta columna periódicamente





- Dosis de Vida
-Con Tortícolis











CONTENIDOHERRAMIENTASCOLUMNAS
ENCUESTACASOS DE ÉXITOFORO DE DISCUSIÓN
CHAT CON EXPERTOSLINKS EVENTOS Y CURSOS
DIRECTORIOSESPACIO PERSONALPERFILES
PREMIEREHUMORHIPERTIENDA

© 2002 Hipermarketing.com
Todos los Derechos Reservados


Click Here!