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No hay edad

Este fin de semana estuve en Mallorca. La vista de esta isla desde al avión es espectacular. Me imaginé que tal vez los visitantes de “La Isla de la Fantasía” sentirían lo mismo al ver desde la ventanilla los acantilados y las playas, más las montañas y la vegetación. Llegar al paraíso.



El día en Mallorca se destina para disfrutar de sus playas y para visitar sus lugares turísticos. Por la noche la gente sale a sus malecones en búsqueda de un lugar divertido en dónde cenar y tomar un drink.

Mi primer noche ahí salí a recorrer el malecón. Caminé y caminé, y vi todos los lugares que ofrecía el lugar. De entre todos había uno que resaltaba por su ambientazo: "La Pedrisa Snack Bar". Había baile, música en vivo, drinks, snacks, risas y muchísimo ambiente. El único requisito para poder entrar, tener los suficientes años como para portar una credencial del INSEN.

La música estaba a cargo de un cantante que de muy lejos sonaba como Julio Iglesias, acompañado por un sintetizador de esos que reproducen a una orquesta entera, como la de mi tocayo, Percy Faith. Los señores bailaban y bailaban, sin dejar de cantar cuanta melodía interpretaba el showman que tenía como fan declarada a una señora que bailaba sola sin quitarle la vista ni por un instante, con un retraso en sus movimientos de aproximadamente tres segundos sobre el compás de la música.

En las bancas del malecón habíamos varios extasiados que no dejábamos de ver con nostalgia este cuadro alegre. Tal vez más de uno queríamos irrumpir en la pista con uno de los habilidosos bailarines y disfrutar de un buen baile. Tal vez otros estábamos absortos pensando en lo fácil que es ser feliz.

La noche siguiente volví al mismo lugar, para impregnarme de esa algarabía. Entre el fondo del mar y el cielo estrellado, la brisa más bien fresca, la música y los asiduos de La Pedrisa, me sentí protegida y acurrucada.

Y es que no hay edad. No hay edad para dejar de sentirse joven o para convertirse en un anciano. Para desistir o para seguir luchando. Para el amor y el desamor. Para tener éxito y para fracasar. Para aprender y para enseñar. Para dar amor o para causar penas. Para ser sabio o para ser ingrato. Para ser grato, o para ser un problema.

No hay edad. Todo es voluntad. Todo es tener ganas de vivir disfrutando, esparciendo alegría a cuanto nos rodee.

Esta gente seguía bailando, sin prestar atención a las deformaciones de los cuerpos, a los bastones que se quedaban por un momento en sus mesas, a las arrugas o al glamour. Ellos bailaban y cantaban, sabiendo que esa noche eran más felices que muchos bellos, jóvenes y ricos.

Me pongo a hacer recuento de la gente con la que me gusta estar porque disfruto de su compañía o porque constantemente enriquecen mi vida. Veo sus edades y no encuentro una mayoría. La edad no la tienen en común; lo que sí tienen todos, es lo importante: la bondad, la sabiduría, la alegría y la sencillez.





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Percy Mariñelarena
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