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¿Cuántas veces le dedicamos tiempo a la innovación durante el día? No a la investigación y al desarrollo, sino a la innovación, que no son lo mismo. ¿Cuánto le dedicamos a la semana?, ¿Al mes? ¿ O al año?
Para saberlo, primero debemos de establecer muy claramente la definición: Innovar es hacer algo nuevo, y eso significa, no adaptar, ni copiar, ni desarrollar, sino inventar.
¿Hemos dedicado tiempo a innovar? o ¿pensamos que esto de innovar es una tarea solamente para los ingenieros, técnicos, o responsables de calidad? Permítame revelarle que ellos son tan malos innovadores como nosotros.
Lo que sucede es que en México no existe la filosofía de la innovación, porque ni si quiera es una costumbre, mucho menos una exigencia. O, ¿su jefe en algún momento le ha pedido, así como le delega tareas, que sea innovador, y que para antes de la próxima semana le lleve una idea de innovación que le permita mejorar las cosas?
Me atrevería a decir que nunca, y esto sucede, porque en las culturas como la mexicana, se cree que entre más encumbrado organizacionalmente es la persona, se tiene más respuesta a todo, y la innovación es cada vez más difícil, porque todo está inventado. Ese es un grave error de los procesos de innovación. Muchas de las más valiosas ideas vienen de abajo, de donde conocen las verdaderas "tripas" de la organización, y desde donde se pueden reducir las mermas, dónde saben exactamente a qué tornillo apretar o aflojar para los ajustes finos de la organización. En México no hay campos cosechados, porque las tierras son ignoradas, no porque no sean estériles, y las innovaciones en México no son campos sembrados. Se ignora el auténtico potencial que un sistema de innovación le puede ofrecer a la empresa.
Hay pocas empresas en México que trabajan bajo un esquema o proceso de innovación, con reglamentos definidos, con software de apoyo, y hasta con metas por persona, de número de ideas y hasta de ahorros por áreas departamentales. En Japón se le exige a cada trabajador un mínimo de 10 ideas por año, y es parte de la exigencia laboral para hacerse acreedor del bono anual y así recibir mejores prestaciones. Por otra parte en varias empresas norteamericanas, se le beneficia al generador de una idea de ahorro, con una retribución económica, fruto del mismo ahorro obtenido por la empresa, siendo éste tan o en ocasiones, más atractivo que el mismo sueldo completo de todo el año.
La innovación no es adaptar ideas de otras partes para aplicarlas a mi producto, mercado, o proceso, sino más bien, pensar en salirse de los esquemas tradicionales para reinventar el trabajo. Salirse mentalmente a otra galaxia, darle un giro al planeta, y volverlo a ver con otra perspectiva. Toda esta innovación es una cultura que requiere de mucho esfuerzo, al principio, y solo control después, pero los resultados en el cortísimo plazo, son altamente beneficiosos para todos, se lo digo por experiencia.
Las empresas que han trabajado en el esquema de innovación, encuentran la llave para bajar costos, o incrementar las ventas, de una forma inaudita. Mejorar el nivel de servicio de una manera que podrán establecer o cambiar de lugar esa delgada línea de fuego, que representa la diferencia entre sus competidores y usted en la batalla comercial. A las personas que requieran de documentación en este sentido, me permito felicitarlas, y les haré llegar con gusto información de implementación de esquemas similares, aplicados en México con enorme éxito. Pero más que esquemas, requerimos de cambio de cultura, y esa se da primero desde arriba, y después hacia abajo, pero eso sí, con mucho trabajo.
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