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Prácticamente, el 100% de nuestra relación con la demás gente era de manera personal, y no intervenía muy frecuentemente un medio para comunicarnos. Era directa.
Las cosas han cambiado en estos últimos 100 años, donde mucha gente se conoce por muchos medios, antes de hacerlo personal. Hoy precisamente conocí a alguien en persona que le dije la frase que sentí que ya había dicho antes: "Mucho gusto en conocerte en persona: tú y yo sólo habíamos usado el teléfono o el correo electrónico".
¿Alguien ha escuchado la frase "hasta que se me hizo conocerte en persona"?
Pues nuestros medios de comunicación han sido una gran herramienta para multiplicar las potencialidades de desarrollo y conocimiento de las personas. Antes por correo postal recibíamos, cuando mucho una carta o postal de un amigo al año, y ahora los correos electrónicos abundan como si fueran volantes, y los pobres carteros, sólo entregan recibos o publicidad por correo directo. Antes atendía al día a 4 personas cuando mucho, pero en el teléfono hablo con más de diez.
No cabe duda que el medio de comunicación es un extraordinario facilitador de recursos, como el espacio físico, que evita la molestia de desplazarse, o de recursos como el tiempo de atender un asunto en 7 minutos, en lugar de una visita que puede durar cerca de una hora (o más).
Sin embargo, el medio debe ser considerado, eso, un medio, y no un fin. Creo que sí ayuda a acercar y optimizar, pero también aleja, al usarlo no como complemento, sino como sustitución, y si no es así, pregúntese: ¿Cuándo ha sido la última vez que sólo se ha reportado telefónicamente a la casa de los padres para saber cómo están?, Pero, ¿haciéndolo substituye una visita personal para lo mismo?
¿Cuántas veces sabemos de nuestros amigos o compadres a través de un "mail", en lugar de decirle, "vamos a tomarnos un café y charlar?" ¿Cuántas veces hemos escuchado a nuestros compañeros de oficina, o subalternos a los que les preguntas: Ya corroboraste esta información con la gente de Ingeniería, y te contestan: "Ya le envié un "mail", y no me responden". ¿O recibir una postal virtual de Happy Birthday en lugar de un abrazo?
¿No suena absurdo que creamos que el "medio" es el "fin", y que queramos administrar todo por correo, como si hubiéramos nacido con ese recurso (que insisto, es buenísimo como complemento o herramienta, pero no como fin)?
¿No suena ridículo pensar que por el afán de darle fluidez a todo, desde la pantalla de la computadora y los teclados de la PC, no nos podamos poner de pié (sirve que estiramos las piernas), caminemos unos cuantos pasos, y veamos un asunto de manera personal, en lugar de administrarlo por los medios?. (Conozco todos los beneficios de los sistemas, y uno de ellos es dejar evidencia de cuándo, cómo, dónde y por qué), pero el problema es la despersonalización, y el dejar que unas líneas expliquen limitadamente lo que las palabras pueden expresar con mayor vehemencia.
Lo malo es que al usar estos recursos de manera indiscriminada, nos hace que atendamos los "cómos", y no los "qués" de las cosas, situación que nos hace más operativos, y menos estratégicos y sensibles del entorno. No podemos separarnos de la oficina, porque sentimos que debemos de jugar al ping-pon con los "mails", y responderlos en menos de 5 minutos.
Pudiéramos ser terriblemente más productivos, haciendo que en lugar de mil asuntos, veamos 10 mil. Tal vez, pero a medias o mal. Como quiera, el tiempo no nos sobra, porque como quiera salimos a la misma hora por las tardes, y lo peor del caso es que a veces terminamos la jornada, medio nerviosos, y un poco más ciegos (de ver tanto cinescopio, todo el día.)
Usemos el medio como eso, un medio. No como un fin.
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