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Bueno, pues ¿cuál es la diferencia entre las mentiras de un ciudadano cualquiera, y las de un publicista? Si la respuesta que usted pensó fue, "Ninguna diferencia", pues le comento que no. Realmente son más peligrosas las mentiras de los publicistas, porque éstas se difunden en todos los medios, donde no sólo se masifica esa información, sino que se oficializa, ya que aparece en los mismos medios masivos donde aparecen las noticias: radio, prensa y televisión, y da la información de que esto puede ser un axioma, tan verdadero y oficial, como las reales imágenes de los noticieros.
Los publicistas, como exaltadores de los beneficios al consumidor, tienden a exagerar, y en ocasiones mentir (Pero ojo, no es lo mismo). Ellos son más inventores de conceptos tecnológicos de productos, que los propios desarrolladores e ingenieros de las plantas.
A un simple pañal que absorbe, le llaman ABSORTEC, a la formulación de una cápsula medicinal que quita los síntomas de la gripe, le ponen colores, y sus bolitas las convierten en GRANULITOS DE TIEMPO, y a los detergentes les agregan puntitos azules llamados blanqueadores, para dar una imagen de que con ello la ropa blanca queda tan limpia que tienen que ponerse lentes obscuros para ver a las personas que las visten, aunque las dichosas pecas azules, no sirven para otra cosa.
Tal vez, la audiencia, no prestaría la menor atención a sus productos o beneficios, si sólo se informaran tal cual son, por eso se acude a trucos visuales, y a exageraciones, pero a lo que no debe de acudir nunca es a mentiras.
En los comerciales publicitarios hemos visto de todo: como en las películas de Hollywood: platillos voladores con extraterrestres que elogian la puntualidad de las líneas aéreas o que exigen un refresco de sabor manzanita, perros domésticos que sólo entienden el idioma ingles de cierta academia de lenguas, aromatizantes aerosoles que en forma de monstruos se tragan a los malos olores.
Entre las exageraciones y las mentiras que hay en el mundo de la publicidad, se hace que los publicistas adquieran una fama de mentirosos y exagerados, y eso sucede porque hay gente que no comprende que ante la audiencia, hay que decir las cosas de una manera que el anuncio arrebate la atención y para ello hay que ser muy creativos, salirse de los esquemas tradicionales, exagerar, pero nunca mentir. El límite entre mentir y exagerar es muy claro, aunque para otros, el mentir y el exagerar sea lo mismo.
El exagerar es que una pequeña ave, con su pico chato y voz de niño tierno te diga "recuérdame", para que compres un pastelito. Mentira es poner a un pato, en lugar de un ganso. O poner a un dromedario, en lugar de un camello en la portada de unos cigarrillos, o decir: "Si lo encuentra más barato en otra parte, la mercancía se la regalamos.", y que a la hora de comprobarlo, exijan al consumidor documentación membretada (imposible de conseguir) de la mueblería de la competencia.
¿Quién no ha escuchado del "chaca, chaca" de un detergente?, Que lo que promete es que lava la ropa sólo con ponerla en la cubeta, cuando la realidad es otra.
Los publicistas deben de tener muy en cuenta esa delgada, pero clara línea entre los dos mundos, la mentira y la exageración.
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