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Los rascacielos favoritos de terroristas que ya estaban viendo en ellos, los grandes pinos de boliche que debían de derribar, y que finalmente lograron.
Torres favoritas del director cinematográfico, Dino de Laurentis, cuando decidió trepar al contemporáneo King Kong, allá en sus azoteas en la legendaria escena final de la afamada cinta en su versión a colores.
Esto nos puede llevar a una serie de reflexiones sobre la estrategia militar que había seguido los Estados Unidos por años. Estaba diseñada para hacer frente a los ataques de los más aguerridos militares del mundo, pero no pensaron en los civiles, o más bien, en acciones militares con instrumentos y disfraces de civiles, tales como un avión comercial, que con su propio combustible, la velocidad, y la dirección de un psicópata extremista que estaría dispuesto a dar la vida por esa gloria terrorista de ligas mayores.
Esta acción militar perpetrada por militares extremistas disfrazados de civiles, hizo que tanto las torres gemelas de NY, el pentágono, y el departamento de estado, fueran víctimas de sus fatales acciones.
Todos hemos tenido noticias de atentados en todo el mundo, atentados de varios tipos, y con diversos objetivos. Atentados que se perpetran por diversas personas, desde gente que no planea suicidarse, hasta los más temerarias acciones de autodestrucción, pero este último fue más que un atentado, una seria afrenta, donde se atrevieron a ponerle el cascabel no al gato, sino más bien al tigre.
Atacando civiles, en pleno centro de Manhattan y realizándolo en acciones conjuntas y escalofriantemente planeadas, con una inteligencia que hizo parecer retardados mentales a los más imaginativos directores de cine de Hollywood, que ya nos tenían acostumbrados a sus escenas de explosiones y violencia.
Lo delicado de este atentado fue, no sólo el simple hecho per se, sino su magnitud.
Se lo hicieron a Estados Unidos, no a países sin importancia en el plano global. Y no sólo a los Estados Unidos, sino a su orgullo: NY.
El volumen proyectado de víctimas fue planeado, desde el primer momento de la maquilación. Desde la elección del horario del vuelo, o más bien, de los vuelos. Otro de los factores, altamente consternantes es la enorme cobertura que se le dio, y lo estremecedor de saber que eran imágenes en vivo, y que mientras daban una noticia los comentaristas, no terminaba la audiencia de sorprenderse, cuando daban otra noticia igual o más insólita que la anterior.
El avionazo en el pentágono, y ante los ojos de la audiencia, todavía sin darse cuenta los comentaristas televisivos, los desplomes de ambos edificios.
La respuesta inmediata y hostil, en menos de 9 horas de la ofensiva militar a la ciudad afganistana de Kabul (por parte de rebeldes, al menos esos dicen los Estados Unidos).
Hace algunos años Pedro Almodovar, cineasta español filmó una película, calificada como Thriller, (de suspenso), que tenía como tema, el efecto psicológico que genera la muerte, expuesta través de un medio de la comunicación, sobre la audiencia.
Extraordinaria película que vale la pena que renten, estamos hablando de Tesis. Bueno, pues hoy por hoy, los medios de comunicación, han sobrepasado la capacidad de asimilación mental, y la carrera de la muerte expuesta, real y sin censuras. Y la prueba fue corrida el 11 de septiembre pasado, donde vimos por las pantallas de televisión, como es que simples trabajadores neoyorquinos que cuyo único pecado fue trabajar a las 9:00 en sus oficinas, salían por las ventanas, desprendidos hacia el pavimento, cayendo de una altura de mas de 100 pisos.
Esas imágenes, sin mayor preparación, salieron de la realidad, a las pantallas, y de inmediato a nuestras mentes, sin pasar por el videotape grabado. La vida y la muerte, al aire en vivo. En Tiempo real.
Era increíble la sensación de vulnerabilidad humana que tuve esa mañana, al descubrir que ni el presidente de Estados Unidos sabía más que yo, quien estaba viendo y enterándome a miles de kilómetros de distancia, al mismo tiempo que el resto del mundo de esos acontecimientos. Uno tras otro.
Los medios fueron más rápidos que la luz, que el ejército, y que los aviones caza.
Los medios hacen que la comunicación fluya libremente, ya con una apertura, increíble, que se presentó en la guerra del Golfo, donde estabamos viendo, en vivo y en directo los detalles de las incidencias.
El mundo ahora observa en vivo y directo, y el videotape, es sólo para repetir. Si Usted entra a Internet, puede dar una hojeada a las distintas cámaras que se encuentran instaladas en varios sitios del mundo, y puede por ejemplo saber, como amaneció la Plaza San Pedro, en Roma, el Kremleen, en Moscú, o el Big Ben en Londres.
Las noticias en el pasado, y hablo de la conceptualización noticiosa, habían desarrollado en nosotros una costumbre: y es la sensación de que las noticias son siempre pasadas, no presentes. Fue esto una costumbre que tuvimos por años. Primero ocurre la acción, después de que se digiere, se redacta, y se difunde, se conoce. Pues hoy las noticias son en presente, ya se generan, y se difunden al mismo tiempo y hasta después se analizan, digieren y todo.
Esta nueva manera de reportar (Acción de los reporteros), hace que se cometan errores.
Jorge Berry fue el primero que dio la noticia en México, y había informado que una avioneta cesna se había proyectado en una de las torres, porque nunca se imaginó lo que en realidad pasaba, hasta después, que lo supimos todos.
Era lo más lógico, las avionetas cesna son las favoritas de los exhibicionistas que aterrizan en la plaza Roja, o que vuelan por entre las piernas del arco del triunfo, en París, pero no fue así. Fue un avión grande, y después otro. Todos los vimos.
Este tipo de noticias hace que los reporteros, digan y después se desdigan, y es natural, porque, nosotros los periodistas tenemos la vocación de informar siempre, y si algo no está confirmado aún, le metemos la frase "aparentemente", que no nos desliga de ningún compromiso, porque lo delicado no es lo aparentemente, sino la acción que estamos informando.
Hoy estamos viendo unos nuevos medios, más globales, conectados, y sin tapabucos. Los niños estuvieron expuestos a esto, y los adultos boquiabiertos.
Hace años se hablaba de la aldea global que representaban los medios masivos de comunicación. Pues, damas y caballeros. Esa aldea global ya esta aquí entre nosotros.
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