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Antes, en los tiempos cuando yo estudié mi carrera profesional, para realizar los trabajos de investigación, se debían de pasar varios días, hasta semanas, antes de recolectar la suficiente información y realizar la entrega. Incluso, las sesiones de trabajo en equipo, donde finalmente todos los miembros nos podíamos reunir para realizar este trabajo eran complejos y su productividad bajaba a los mínimos niveles.
Hoy, con la ayuda del Internet, estos trabajos de investigación y sobre todo de recolección de información, se reducen a minutos, y la potencia acción de reunirse con los compañeros de equipo, no sólo se limita a lo infinito del tiempo, sino al espacio, dado que mis compañeros de equipo podrán estar en la Patagonia, y podré verlos, escribir, enviarles documentos, ligas a páginas, y hasta escucharlos y hablar con ellos, con los recursos del Netmeeting, por ejemplo.
Pero, si tiene estas y más ventajas el Internet, ¿a qué se debe el encabezado de este artículo?
Pues a la brecha generacional que existe entre nosotros y nuestros hijos, y a lo fácil que es el Internet para encontrar lo bueno, y lo malo, es igual de sencilla. Sólo con "serchear" (rastrear, buscar) tres X y se podrá encontrar las páginas pornográficas más atrevidas que muestran sin límites hasta las perversidades más profundas que harían ver al Marqués de Sade como una colegiala. Nuestros hijos, adolescentes que aún no tienen información totalmente ponderada ni madurada de estas situaciones entran a estos sitios con una facilidad terrible, de tal manera que los perturban, y en el peor de los casos pueden llegar a trastocar su personalidad.
Los padres de familia, creemos que sólo por tratarse de ser nuestros hijos, ellos son inmunes o ajenos a este tipo de información, y la verdad es otra.
El problema es que nosotros, los de nuestra generación no crecimos con la computadora, tal vez hemos tenido que convivir con ella forzosamente, y en algunos casos, soportarla, aunque mucha gente de mi generación la domina con naturalidad. Pero cuantas amas de casa quisieran que sus hijos no vieran sitios prohibidos, pero ignoran que pudieran cancelar visitas a páginas inapropiadas sólo con poner un candado de seguridad, pero esa posibilidad, y la forma concreta de aplicarla la ignoran.
Esa extrema información que ahora tienen los jóvenes, y la exagerada falta de información que tienen los padres, técnicamente hablando, es lo que hace peligroso el Internet, y hace que se convierta en una revistería mundial, abierta a los jóvenes, sin censura en los temas y títulos.
Los padres de familia deberemos de aprender a controlar los accesos de sus computadoras, y si no saben como, pídanles al proveedor que les vendió la computadora o el acceso a internet, como se le hace, y hagan de esta herramienta en una herramienta útil. Y lo más importante, orienten a sus hijos (esto último creo que no necesito decírselos) para que normen un criterio equilibrado de toda esta información, porque todo este compendio de información está ahí, en las computadoras de la casa, pero en las de la escuela, las del amigo o en las de cualquier cibercafé.
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