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Lo bueno: mejoramos nuestra calificación respecto al año anterior en este índice (México cumple ya 5 años consecutivos mejorando en este indicador). Hoy ocupamos la posición 56 de 156 países con un puntaje de 2.80 (el año pasado teníamos el lugar 60 con 2.90 puntos). Los campeones de la libertad económica, muy arriba de nosotros, son Hong Kong (con 1.45 puntos), Singapur (1.50) y Luxemburgo (1.70). En fin, hay avances pero a un ritmo demasiado lento.
Lo malo (para nosotros): está demostrado que existe una relación directa entre la riqueza de un país y su grado de libertad económica. Somos un país de media tabla en el Índice de Libertad Económica y tal vez por eso pueda entenderse que el ingreso promedio anual de 3 mexicanos (8,969 dólares al año por cabeza, según datos del Foro Económico Mundial) apenas rebase al de un solo ciudadano de Hong Kong (25,581dólares anuales). También por eso pueda explicarse que un mexicano que cruza la frontera, triunfa en EU y hasta le manda dólares a la familia, mientras que en territorio mexicano apenas subsiste con el salario mínimo. No por nada somos el principal receptor de remesas de toda Latinoamérica.
Lo feo: tener que reconocer que la razón de nuestra pérdida de crecimiento se basa sobre todo en un exceso de intervención gubernamental que los mexicanos hemos heredado y que no hemos podido desenraizar tras años y años de autoritarismo, compadrazgos y abusos económicos. Ni siquiera se ve la intención, la actitud, ni el consenso político para dejar de meter la cuchara gubernamental en cuestiones que deberían ser decisión exclusiva de productores y consumidores.
La gran verdad de todo esto es que libertad no tenemos mucha. Más bien seguimos siendo una economía de "preso" mercado donde el acceso a la inversión más urgente y a la competencia de calidad está bloqueado a causa de un absurdo nacionalismo. Y todo esto en perjuicio de nosotros, los consumidores, quienes terminamos pagando precios más caros por todo.
La luz, el gas, la gasolina, impuestos diferentes cada año, boletos de avión a precios estratosféricos, monopolios como el de la telefonía local, autos comunes y corrientes que nos cuestan en México lo mismo que un BMW en EU a causa de permisos y regulaciones, etc. Es más, hasta la inversión extranjera esta prohibida en los camiones de transporte de pasajeros, no por nada el servicio que ofrecen la variedad de empresas mexicanas es pésimo con sus contadas excepciones.
Las 10 categorías que componen el Índice de Libertad Económica nos dan una idea al detalle de los aspectos en los que estamos estancados. Se registraron este año avances en sólo dos categorías (calidad de la regulación y política monetaria); hubo retroceso en la categoría de intervención del gobierno en la economía; mientras que en las otras 7 categorías (política comercial, carga impositiva del gobierno, flujos de capital e inversión extranjera, actividad bancaria y financiera, libertad para fijar salarios y precios, respeto a los derechos de propiedad y la existencia de mercados negros) pasó lo de siempre: no pasó nada.
Curiosamente el avance en política monetaria es resultado de la credibilidad que se ha ganado el Banco de México en los últimos 3 años por defender el poder adquisitivo del peso. Y digo curiosamente, porque el Banco de México es una institución autónoma, que dejó de ser presa de la cuchara gubernamental desde hace tiempo. Un avance donde el gobierno no tuvo injerencia directa. Pero eso es solamente una curiosidad... aunque por ahí dicen que mucho ayuda el que no estorba.
Pero bueno, no hay prisa, no importa que no haya una reforma fiscal responsable que le de solvencia suficiente a nuestro gobierno de una vez por todas, no importa que la informalidad llegue a niveles del 12% del PIB, no importa que proyectos de inversión enteros estén descartando a México como destino estratégico a falta de garantías básicas de seguridad (más allá de la jurídica, que sería mucho pedir, la seguridad física de los empresarios y empleados). No importa... el 2003 es año electoral; primero los votos, después el país.
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