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Sin embargo la lección que nos deja este episodio de inestabilidad es más bien una advertencia: la confianza en México puede “ponerse en huelga” en cualquier momento si la percepción generalizada del mercado es la de un país con una estrategia económica vulnerable.
No es ninguna novedad señalar que una debilidad real de la economía mexicana es la "petrodependencia" de las finanzas públicas. Aproximadamente el 30% de los ingresos federales llegan por esa vía. Tampoco es ninguna primicia afirmar que sin las reformas estructurales México está condenado a la mediocridad y la obsolescencia económica. Y que decir de la urgencia de hacer de este lugar un país de leyes donde se respeten plenamente los derechos de propiedad de sus habitantes... Eso tampoco es novedad.
La realidad es que los problemas económicos de México, por mencionar sólo algunos, no son ningún misterio. Están perfectamente identificados desde hace mucho tiempo. Lo importante de esto es señalar la relación que tienen estos problemas con el funcionamiento de los mercados de valores. Los capitales giran en gran medida basados en percepciones.
El valor real de una empresa, de un bono, de una divisa, de acciones y de países termina siendo un valor subjetivo, una percepción basada en lo que los demás creen. Si esa percepción coincide en una gran cantidad de gente, las expectativas terminan por transformarse en la realidad.
Si hoy pasamos por un bache de inestabilidad financiera no se debe a situaciones o problemas que nacieron ayer. Los problemas estructurales ahí han estado desde hace tiempo. Lo que ha cambiado es la percepción del mercado. Los inversionistas han abierto los ojos ante un problema de antaño (la debilidad de las finanzas públicas) que estuvo a punto de reventarnos en las manos a causa del conflicto de intereses en el Pemexgate.
Hoy en día la economía de un país puede deteriorarse en un parpadeo sin necesidad de que exista una razón de peso. El cambio de opinión del mercado, la pérdida de confianza, el pánico y el temor a un contagio pueden mover capitales con la mano en la cintura. El destino de los capitales depende de la percepción que los inversionistas van creando del clima en el cual les toca habitar.
Hoy el gran problema es que las decisiones de inversión se vuelven cada vez más selectivas en medio de un entorno de incertidumbre económica mundial: la dudosa recuperación de la economía estadounidense y de los países industrializados, la posibilidad del inicio de una guerra contra Iraq, los altos precios del petróleo, el destape de los escándalos corporativos, el nerviosismo que ocasiona la clara ventaja de la izquierda de cara a las elecciones presidenciales en Brasil, el estancamiento de Argentina, entre muchos otros factores.
Sin duda el país que ofrezca mayores condiciones de certeza y confianza será el que atraiga las miradas de los capitales internacionales. La caída del atractivo de México para los inversionistas extranjeros en un 17% en el último año (de acuerdo al Índice de Confianza de la Inversión Extranjera Directa), es el reflejo de que seguimos dormidos sin empujar reformas que minimicen el costo de invertir en México.
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