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Recuerdos. Contactos. Deseos. Compañía. Pensamientos de creadores anónimos, de poetas frustrados, de Quijotes cibernéticos. Utopías de otro tiempo hechas realidad. Convocatorias masivas. Invitaciones secretas.
Búsqueda de consejos, terapias, consuelo, alivio y sostén. Ansiedad de encontrar respuestas, afinidades, coincidencias en la vida de otros como reflejo de nuestra propia vida.
Gratitud, perdón, abrazos a distancia, humor, sonrisas arrancadas sin haber sido planeadas, pasión, cariño, accesos de llanto, nudos en la garganta, risas, indignación, duda, curiosidad.
Comunicación facilitada por la distancia, ocultando el rostro y abriendo el corazón.
Valores, principios, filosofías, creencias que provienen de los confines del mundo y se convierten en dogmas de fe. Ideas que adoptamos como la verdad absoluta. Ceguera, irreflexión, desintegración del individuo, el yo convertido en un todo, sin forma, sin albedrío, sin juicio propio.
Burlas, cuentos, historias, rumores, calumnias imposibles de confirmar.
Enlaces, marañas, nudos, madejas de hilos que unen dedos y uñas a un teclado y a otro y a otro. Cables, chips, plásticos y alambres, contactos, pulsos eléctricos, magnetismo y luz entrelazando almas y gente.
Desnudez de sentimientos, emociones, añoranzas, deseos, ansiedades de individuos en una mega red mundial que evidencia nuestras diferencias y nuestras semejanzas.
Mensajes absurdos, mensajes que hacen vibrar. Atrevimiento audaz. Atrevimiento vergonzoso escudado por un hardware. Valentía para hablar, sentir, confesar, decir. Todo detrás de una máquina.
Al menos son algo. Algo en vez de nada. Libertad de expresar sin miedo, sin rostro, sin vergüenza, cara a cara ante el apodo en clave de nuestra amiga, hermana, madre, sobrina, primo, tío, novio, esposo o amante. Lejos, unida a lo lejos, la persona.
¿Dónde están todos? ¿Quién me habla? ¿De dónde saliste? ¿Eres tú? ¡Aquí estoy yo, frente a mi computadora! ¿no me ves? Yo te imagino, te siento, te escribo, te hablo, te busco y me abro ante ti más de lo que me atrevería frente a ti.
Estoy enlazada contigo. Mi mente está en los pulsos eléctricos de las letras, en la pantalla, en la memoria temporal, y se va, se va tan lejos como mi recuerdo.
Autores desconocidos de reflexiones profundas. Creadores de bellos poemas. Creativos bufones que provocan una sonrisa. Ocurrentes inventores de chistes y simpladas tan simples que hacen reír a carcajadas.
¿Quién es el magnífico creador de palabras tan tiernas y soñadoras, tan comprensivas, tan reflexivas, tan penetrantes, tan insolentes, atrevidas, audaces e irreverentes, tan críticas o severas, irónicas, hirientes, tan soeces?
¿Cuántas personas te han provocado cara a cara tantos y tan variados sentimientos como esos seres invisibles e intangibles que se esconden detrás de los miles de kilómetros de cable enlazando computadoras, seres, vidas, soledades, desdichas, inventivas, genialidades?
Me parece que el e-mail contagia, une, amalgama, seduce, hace despertar o dormir, enajenar o sublimar, crecer o destruirse, pero al fin, es una manera de intimar, de sentir, de vivir.
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