Uno para todos, todos para uno
Por: LUIS RAMÓN CARAZO
MARZO 8, 2001

La mayoría de las empresas no trabajan en equipo, la base del éxito o fracaso es el talento individual.


L os individuos desconocen como aplicarse en conjunto en el mal llamado equipo de dirección y reflejan separación y diferencias ideológicas.

Este problema de fragmentación se debe a diferentes factores, incluyendo la resistencia del presidente o director general quien teme (sin confesarlo) la abdicación de su rol de liderazgo individual.

La coherencia corporativa...
Debería emanar del más alto nivel, el grupo ejecutivo sería ideal que pensara y actuara en equipo. El presidente o director general debe prestar atención cuidadosa y creativa a la composición de su grupo, su estructura, incentivos, procesos de toma de decisión y su estilo de liderazgo.

Lograr la coherencia...
Es imperativo. Las empresas deben formar un todo integrado, contra los competidores que luchan por hacerlo así, la presión por explotar tecnología, marcas y procesos es alta, en un ambiente de negocios cada vez más complejo.

Hablar de equipo...
Es algo común, pero en la práctica, la integración en los niveles operativos y ejecutivos es difícil de orquestar.

La integración consiste...
Entre otros aspectos; en la cantidad y calidad del intercambio de información entre ejecutivos y ejecutivos; entre ejecutivos y operarios; conducta de colaboración; toma de decisiones delegada y cuando se requiera, en conjunto.

Una empresa integrada...
Comparte información, recursos y toma de decisiones, lo cual demanda un presidente o director general que sirva como facilitador y promueva procesos de intercambio, debate y fermentación de ideas, en un ambiente de camaradería y de respeto en el que se aprovechan puntos de intersección a compartir.

Y no...
Todos actúen en espera de complacer a la opinión del ejecutivo más importante, independientemente de estar o no de acuerdo con lo que se vaya a decidir, ésta última conducta representa una debilidad estratégica fundamental.

Para ilustrar...
Consideremos dos equipos de dirección, uno integrado y el otro desintegrado.

El desintegrado...
Los ejecutivos y operarios trabajan por separado, aunque los negocios tienen mucho en común. Cada quién para su santo, de pronto se ven perdiendo mercado frente a la competencia y cada uno hace su diagnóstico por separado y sus propios planes de acción, aún cuando la raíz del problema nace de un mercado en franca decadencia.

Pudieron...
Desinvertir, racionalizar y modernizar las instalaciones, poner un programa de nuevas inversiones en el grupo. Por el contrario, cada quién por su lado contrató consultores y así se consumieron dos años, la falta de integración trajo como consecuencia el desastre.

El Integrado...
Por el contrario, entendió la necesidad de aprender en conjunto, de compartir recursos, de fomentar la adherencia y competencia. Al enfrentarse al mercado capitalizó las tendencias y orquestó la transformación sobre la base de la innovación de los productos, servicios y cadena de producción para eficientar los costos, con la integración de los equipos de dirección y los operativos.

La integración por cierto...
No fue casual. En la empresa desintegrada se celebraban reuniones 3 veces al año, con medio día para analizar estados financieros y aprobar decisiones ya tomadas.

Era una reunión para escuchar, tomar notas y aclarar, no se requería una preparación particular. Las interacciones eran mecánicas, predecibles y estables, las tomas de actuación no se conectaban con el éxito o fracaso de las decisiones tomadas.

La conducta del Presidente...
Contribuía a la separación del grupo, divide y vencerás, era su máxima y propiciaba más la división que la cohesión del grupo.

La empresa integrada...
Se reunía mensualmente y dos veces al año (cada 6 meses), para discutir lo que estaba sucediendo en el mundo de negocios, en una de las reuniones se decidió invertir en un negocio revolucionario.

La discusión era viva y abierta, el Presidente era muy hábil para moderar y dar ritmo a las reuniones, entendiendo como sumarizar y dar por finalizado los puntos de vista, tenía talento para hacer participar a todos, promoviendo el pensamiento estratégico, la visión y el facultamiento.

El paso del tiempo...
Ha derribado las creencias tradicionales, el cambio ya no es tabú, los negocios exitosos actualmente son abiertos, la cerrazón ha pasado a ser un recurso para burócratas, romper paradigmas, trabajar diferente, derribar las ataduras que nos atan y prepararnos para aprovechar el futuro que se nos viene.


* Luis Ramón Carazo gic@infosel.net.mx
Es Socio de Grupo Internacional de Consultoría y Ex Miembro del Comité Internacional de "The Strategic Leadership Forum"







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