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enominadores comunes del proceso de industrialización son la migración y la miseria. Los países desarrollados vivieron esa etapa en el siglo 19.
La describieron Marx y Dickens. Provocó gran migración hacia América. México inició su industrialización a principios del siglo 20. La Revolución la interrumpió y ocasionó que el proceso se retrasara aún más, que fuera más lento y difícil, aunque con menos miseria urbana, pues cuando alcanzó la cima, a mitades del siglo 20, el país tenía dinero y el gobierno la evitó, aunque sumió al campo en la pobreza lacerante que aún arrastra y al protegernos, nos evitó un proceso de crecimiento que ahora nos hace falta.
¿Por qué cuando se inicia la industrialización en un país siempre trae miseria? Porque necesita mano de obra barata y concentrada en las urbes y mientras no sube la productividad, los trabajadores ganan cuando mucho lo que recibían en el campo, donde estaban aislados y su pobreza era menos visible. Los obreros tienen que agregar valor a sus artículos para recibir el correspondiente aumento en sus ingresos, lo que a su vez los convierte en compradores. El ejemplo más claro de esa etapa es Ford, quien con su Ford T logró incorporar al auto el suficiente valor agregado como para que pagar a sus obreros más de lo que jamás habían obtenido y pudieran comprarse uno, es decir, para que se convirtieran en clientes e iniciaran un círculo virtuoso de crecimiento.
Hoy los chinos son muchos y pobres. Están acostumbrados a trabajar a cambio de lo indispensable para sobrevivir. La migración a las ciudades es para ellos esperanzadora. Su estado de ánimo es optimista, lo que les da una enorme ventaja sobre nosotros, pues por acá más bien reina el desánimo y la desilusión. Aunque su salario mínimo sea la mitad que el nuestro, ganarlo significa para ellos un progreso en la escala social.
Pretender competir contra los chinos en productos industriales con poco valor agregado es perder el tiempo. Nos urge salirnos de ese nicho, encontrar otros entre la producción masiva de los commodities y los sofisticados productos de la economía del conocimiento de los países desarrollados. En el ámbito de los productos con poco valor agregado, no tenemos qué hacer. Esto incluye el nicho de las artesanías baratas. Según el suplemento del Reforma, dice The New York Times "sus productos más cotizados son figuritas pintadas de Jesucristo y la Virgen María, vendidas a compradores estadounidenses y surcoreanos". El hecho está en línea con el anuncio de la semana pasada de que un chino compró los derechos de explotación industrial de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Aunque nos indigne, pues se trata de algo que nos pertenece, jamás a un mexicano se le ocurrió registrar la marca, aunque muchos hayan usado la imagen para hacer sus productos.
Los mexicanos nos fijamos poco en los clientes. Los chinos mucho. Son buenos comerciantes. El chino que registró a la Morenita se llevó a Yiwu los trabajos de los mexicanos que hacían artesanías baratas. El hecho tiene poco que ver con tradiciones, sentimientos y sentido de justicia. Tiene todo que ver con el mercado global de un mundo globalizado. Ese chino sí se fija en sus clientes, sí ve que hay muchos guadalupanos en EUA, en México y en otros países del mundo, a los cuales les venderá sus cosas, aunque sean baratas y malas. Si queremos cambiar de nichos y producir cosas de mejor calidad que la china, tendremos que aprender a fijarnos en quiénes son nuestros clientes, tener claras sus necesidades y cubrirlas, de ser posible antes de que las adivinen.
Los emprendedores debemos aprender la lección. No fijarnos en los clientes trae dificultades y abre oportunidades para quienes ven lo que otros descuidan. En nuestro México abundan esas posibilidades. A manera de ejemplo, comento que este fin de semana fui al almacén ancla de un gran centro comercial. Suelo comprar ahí. Había varias señoras, la mayoría de talla 36 para arriba, pero la tienda, semi vacía, estaba llena de ropa para personas delgadas. Los vestidos de tallas especiales eran horribles y en el departamento de lencería, los artículos de medidas grandes estaban tan apretados en un gran cajón, que sólo acentuaban su fealdad.
En las boutiques del centro comercial la historia era similar: sin clientes y con abundante ropa para delgadas. Aunque mucha gente va a los centros comerciales con la familia para sólo ver aparadores, pienso que una oferta más balanceada, de acuerdo con las verdaderas características de la clientela, ayudaría a mejorar las ventas.
Me pregunto: la moda y la teoría hablan de que las mujeres debemos ser delgadas, pero los medios dicen que la obesidad es un problema que afecta cuando menos al 10% de la población (10 millones) y con sólo ver a las clientas del centro comercial era evidente que en sus tiendas se ofrece demasiada ropa para delgadas y poca para gordas. ¿Será sólo por la crisis que no venden? ¿Habrá por ahí un emprendedor mexicano con buen diseño y habilidad para comerciar o tendremos que esperar a que un chino se decida y atienda el nicho? ¿Cuántos ejemplos como éste se repiten en diversos ámbitos de nuestra sociedad y aguardan a que un emprendedor los descubra?
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