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artamos de una idea que –creo– es válida para el 100% de las empresas del planeta.
Teniendo dicho objetivo en mente, el manejo estratégico de su capital intelectual (marcas, patentes, secretos, reputación, experiencia, etc.), es sin duda una herramienta idónea para ello.
Si los especialistas en estrategia y mercadotecnia no mienten, las principales formas de competir exitosamente en el mercado son, primero, a través de una diferenciación -la cual puede ser vía un producto o servicio innovador, bien identificado o por la calidad de éste- o segundo vía precio.
Ambas opciones presuponen la existencia de capital intelectual: una diferenciación en el mercado implica la existencia de campañas publicitarias bien estructuradas o el desarrollo de productos (o servicios) con características especiales que les permiten destacar del resto (la publicidad e imagen comercial es protegible vía marcas o nombres comerciales registrados, mientras que un producto innovador puede salvaguardarse a través de patentes o el registro de modelos de utilidad); la calidad así como la posibilidad de ofrecer un precio competitivo, necesariamente involucran la existencia de conocimientos sistematizados que pueden ser protegidos como secretos industriales.
Toda empresa cuenta con, y desarrolla capital intelectual que puede ser protegido de diversa manera a fin de proporcionar a sus titulares la posibilidad de obtener mayores ingresos (explotándolos a través de licencias, franquicias, asistencia técnica, etc.) e incrementar el valor de sus activos; asegurando que los conocimientos, posición en el mercado, etc., en los que basa su estrategia competitiva, se encuentran protegidos y no en peligro de perderse o devaluarse.
Sin ánimo de ser dogmático, podemos definir el capital intelectual como la suma de la experiencia, reconocimiento, procesos, artefactos, herramientas, etc. que una empresa ha desarrollado (o está desarrollando) durante su existencia. Es conveniente transformar todo ese cúmulo intangible en algo redituable para la empresa.
Sin embargo, las empresas no siempre tienen claro "qué" representa su capital intelectual ni "cómo" protegerlo. El siguiente es un proceso, involucrando al personal interno y asesoría externa, que regularmente recomendamos a nuestros clientes a fin de estar en posibilidad de aprovechar al máximo el capital intelectual que produce su empresa:
1º. Identificar su Capital Intelectual.
Para ello, es necesario que primeramente la empresa evalúe y determine qué clase de Capital Intelectual posee. Como un segundo paso, es altamente recomendable llevar a cabo, con ayuda de asesoría especializada, una Auditoría en materia de Propiedad Intelectual.
2º. Evaluar el Capital Intelectual.
Una vez identificados, es necesario determinar cuáles de sus activos intangibles son los más valiosos para el desarrollo de la empresa. Definir en qué tipo de capital intelectual se apoya principalmente su empresa, es fundamental para beneficiarse en su explotación.
3º. Proteger su Capital Intelectual.
Con toda esta información, debe definir cuáles de los diversos activos intangibles que conforman su capital intelectual son susceptibles de protección y la manera más efectiva de hacerlo. Teniendo siempre en mente que no se trata de proteger por el hecho mismo de proteger, sino proteger conforme a los planes estratégicos del negocio.
4º. Desarrollar una cultura, a todos los niveles, de la importancia de la Propiedad Intelectual.
La actividad creativa y de protección no puede ni debe ser labor de un sólo departamento o grupo reducido de personas. Es deseable involucrar a todas las áreas de la empresa y desarrollar una cultura que promueva la creatividad y fomente una conciencia empresarial que reconozca la importancia y el valor del Capital Intelectual.
5º. Administrar y defender su Capital Intelectual.
Proteger no es suficiente. Es necesario mantener constantemente que los registros no se pierdan, que los secretos estén debidamente resguardados, que las marcas no son usadas indebidamente por terceros, que ex-empleados de la empresa no se lleven información valiosa de la misma, que las patentes no sean explotadas o imitadas sin autorización, etc.
6º. Incorporar el Capital Intelectual a su estrategia competitiva.
Para ello, es necesario tener bien claros los objetivos de la empresa, cuáles son sus planes a futuro y cómo se proponen alcanzarlos. La incorporación de dicho Capital Intelectual a la estrategia competitiva empresarial, requiere tiempo y sobre todo imaginación.
Se trata de una manera nueva de ver el negocio, sus bienes inmateriales y pensar la manera en que estos pueden convertirse en ganancias adicionales para su empresa. Es necesario buscar y preguntarse ¿cómo puede la explotación de mi Capital Intelectual complementar los planes del negocio? ¿Cómo puedo utilizarlos?. Algunas opciones serían:
· Licencias
· Asistencia Técnica
· Venta
· Alianzas estratégicas
· Incremento del valor de las acciones de la empresa.
· etc.
Recuerde: Los Capital Intelectual son conocimientos plasmados en algo valioso para su empresa. Nuestro reto es convertir ese capital intangible en beneficios tangibles (y económicos) para su empresa.
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