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Intimidad en la red
Por: MIGUEL SEDOFF
OCTUBRE 26, 2000
A nadie se le puede escapar que somos parte de sociedades cada vez más interconectadas e interdependientes, en donde un gran caudal de información, de distinta naturaleza, se comparte cotidianamente y en donde literalmente han caído las fronteras geográficas, lo que nos ha llevado a perder, de alguna manera, parte de nuestra privacidad.
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I
nternet, en cuanto red abierta o pública, es un conjunto mundial de servidores y redes de computación entrelazadas gracias a un protocolo común.
La red permite el intercambio de datos entre los cinco continentes, posibilitando el acceso a todo tipo de contenidos, independientemente de la ubicación físico-geográfica de dichos proveedores y sus usuarios.
Las transmisiones de información en Internet obedecen a respuestas rápidas ante peticiones espontáneas que un usuario puede realizar a cualquier ordenador del mundo, y que al buscar "salta" de un sitio WEB a otro mediante vínculos o "links", sin que le interese en qué lugar está físicamente instalado el servidor que le provee de información, misma que está almacenada en millones de computadoras alrededor del mundo sin presencia de una organización central o control alguno.
Internet es, por ende, una dinámica herramienta de búsqueda de contenidos sin que, al "navegar" un usuario, le ofrezca a éste un registro de cuales son los ordenadores que contienen información útil o inútil sobre un tema específico.
Cuando navego, soy alguien, voy conformando mi identidad digital con una dirección de e-mail y una dirección IP, y hasta con un sitio propio, vocacional o comercial.
Imaginemos por un momento que alguien arma un programa-robot que rastrea día y noche la red para pesar toda dirección de e-mail que ande circulando. Forma una base de datos y luego envía mensajes publicitando productos o servicios (spam- mensaje no deseado) pero pone en el sender mi dirección de e-mail.
Al día siguiente comienzo a recibir en mi casilla mensajes de todo el mundo, comienzan a llegar bloqueos de servers que no permiten que ningún mensaje con mi dirección sea procesado, hasta alguno puede insultarme por teléfono si se tomó el trabajo de rastrear mi dirección.
¿Cuál es entonces la solución?
Tengo que cambiar mi identidad. Tengo que dar de baja mi dirección de e-mail, notificar a todos mis conocidos la nueva dirección, hacer las denuncias correspondientes, jurar y perjurar mi inocencia. Si mi dirección la uso para comunicarme con amigos o parientes, diríamos que sería una molestia pero solucionable. Pero si la dirección es corporativa o comercial, imagínese en el grave daño económico que eso me podría causar.
Esto, que parece el guión de una película, está sucediendo en Internet, y como el viejo círculo vicioso del virus-antivirus, del cual ya nunca podremos escapar, ahora se está vendiendo software específico para certificar la identidad del remitente de una comunicación. Por la simple razón de que hasta ahora no se ha podido conservar la privacidad en un medio como internet
En cuanto a la legislación sobre spam o envío de correo no solicitado, el Estado de Nueva York dictó una norma (S. 722/a. 5554-Committees on Consumer Protection) tendiente a controlar la proliferación del envío de correos no solicitados.
Esta norma exige, a quien envíe esa clase de correos al Estado de Nueva York, que incluya, bajo pena de multa, su nombre, su dirección física, su dirección de e-mail y su número de teléfono, debiendo asimismo recordarle al receptor su derecho a impedir futuros mailings.
Este nuevo problema se suma a otros que aparecen con la complejidad que va adquiriendo cada día Internet. Así que lo mejor será estar alerta sobre cualquier norma que se legisle en este sentido.
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